Un fuego esparcido incendia el camino. Es una braza desbocada que se muestra a retazos. Una combustión misteriosa por la intención de sus ganas. Un vapor que incinera la razón y hecha a volar sus cenizas por el aire enrarecido. Una inflamación que aparece con el dÃa y se aviva en la noche. Nunca se apaga. Ni lo sofoca la lluvia o el extintor. Penetra al cuerpo sin formar llagas visibles. Es un fuego en silencio, solitario, distinto. Es negro ese embate de calor espantoso. Negro por las manos que encendieron la chispa de la primera llama.

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