Veinte años no son nada y a la vez es mucho. Un
sendero labrado con el sudor del tiempo y la necedad de una utopía. El sueño de
narrar y transmitir emociones con el sentir de frases bien puestas. Palabras
que unidas forman una dimensión distinta regenerada en cada blanco papel. El
espacio construido con la intención de quien cuenta sus esencias.
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| Foto: Yasel Nuviola Amador |
El centro Onelio, "la fabriquita de escritores",
el central literario cubano de las últimas dos décadas, está de cumpleaños. Un
aniversario cerrado por la fecha y el amor de sus hijos. Profesores, alumnos y
amigos que se reinventan entre clases, talleres y encuentros en la casona de
Playa, el centro Dulce María, la UNEAC o cualquier otro rincón donde quepa un
horizonte que pulse al pensamiento con la fuerza excelsa de la narración.
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| Foto: Yasel Nuviola Amador |
Veinte años con el chino Heras y su Ivonne
uruguaya. La mujer alegre e impulsora. El hombre decidido y sacrificado. Sí;
eso han sido ellos. Puntales definitorios en el perfeccionamiento de literatos
noveles y otros más consagrados. El maestro Heras es un David enfrentado al
Goliat de las vicisitudes. Su obra perenne: el magisterio de una vida
consagrada. Él, Ivonne, Raúl, Sergito y sus más de mil graduados continúan
desafiando temporales para cultivar el futuro. No le temen a la desesperanza.
Alientan a los soñadores que desandan con los pies en las nubes para
enrumbar más seguros los pasos en la tierra.
A toda esta gran familia: ¡salud!









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