Autor: José Martí Pérez
Escritor de «La Edad de Oro» y «Los versos sencillos.»
Es un libro de confesiones, consejos y amor.
Los resultados de la prisión me espantan muy poco, pero yo no sufro por estar preso mucho tiempo.
Al que nada hizo nada han de hacer. A lo menos, de nada  me podrán culpar que yo no pueda deshacer.
Auguro que mi vida ha de ser corta, y no la dejaré de aprovechar.
La prisión es una fea escuela.
A Dios gracias el cuerpo de las mujeres de hizo para mí de piedra. Su alma es lo inmensamente grande.
La muerte no me mata. Caí unos días cuando la infamia fue muy grande; pero me levanté.
Yo no me curo de este silencio mío.
Pero mientras haya obra que hacer, un hombre entero no tiene derecho a reposar.
Mi pluma corre de mi verdad: o digo lo que está en mí, o no lo digo.
Mi labor es pura, como un niño recién nacido, limpia como una estrella, sin una mancha de ambición, de intriga o de odio.
Mi porvenir es como la luz del carbón blanco, que se quema, él, para iluminar alrededor.
En el hogar franco está la única dicha humana, o la raíz de todas las dichas.
El hombre vigilante y compasivo está aún vivo en mí, como un esqueleto salido de su sepultura.
La muerte o el aislamiento serán mi premio único.

Debemos ejercitarnos más en la hermandad del hombre y en el decoro del trabajo. (Adagio Propio)

El deber de un hombre está allí donde es más útil.
Jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza.
No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca.
Mucho he sufrido, pero tengo la convicción de que he sabido sufrir.
Yo solo soy la culpa de todo lo que sucede.
En el revuelto mar de mis papeles no se sabe posar la paz serena.
Yo no corregiría nunca lo que escribiera para ti. Así brotan de mí este momento.
Toda la felicidad de la vida está en confundir el ansia de amor con el amor soberano, hondo y dominador que no florece en el alma, sino después del largo examen.
Empiezan las relaciones de amor en nuestra tierra por donde deberían terminar. ¿Tú ves un árbol? ¿Tú ves cuánto tarda en colgar la naranja dorada, la granada roja de la rama gruesa? Pues, ahondando en la vida, se  ve que sigue el mismo proceso. El amor, como el árbol, ha de pasar de semilla a arbolillo, a flor, y a fruto. Y en Cuba se empieza siempre por el fruto.
Cuéntame de los lobos que pasan a tu puerta, y de todos los vientos que andan en busca de perfume.
Yo no puedo ser feliz, pero sé la manera de hacer felices a los otros.
Ando sacando a flote un noble y hermoso barco, tan trabajado ya de viajar, que va haciendo agua.
No se paren en detalles hechos para ojos pequeños.
El cariño es la más correcta y elocuente de todas las gramáticas.
Me estoy volviendo silencioso.
Hacerte sufrir, sería como estrujar con manos brutales un lirio.
Para ser dichoso sólo hace falta sentirse amado, acompañado, bien cuidado, bien envuelto por alguien.
El alma se entrega con júbilo y sin rebozo a los de espíritu sencillo y ardiente, mano acariciadora, y pensamiento abierto.
Tengo yo por maravillosamente inútiles tantas reglas pueriles.
En mí hay una especie de asesinado, y no diré yo quien sea el asesino.
¡Qué noche Carmen, y que horribles días! Ahora voy a saber lo que es morir. ¡Ay! Si cupieras en mí.
Y ven tú, ¡aunque sea para volverte a ir!
Tú y yo somos así, callamos cuando más queremos.
Quiere, sirve, habla con finura y trabaja.
Soy ese cerezo, con tantos ojos como tiene hojas él, y con tantos brazos, para abrazarte, como él tiene ramas. Y todo lo que hagas, y lo que pienses, lo veré yo, como lo ve el cerezo.
Allá en lo hondo del monte, por entre los pinos, los niños besan, y la gente sonríe.
No tengas nunca miedo a sufrir. Sufrir bien, por algo que lo merezca, da juventud y hermosura.
Sólo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño.
Trata de valer tanto como quien más valga, que es cosa que en la mayor pobreza se puede obtener. Se trata de saber más que los demás, vivir humildemente, y tener la compasión y la paciencia que los demás no tienen.
Hay que hablar la lengua de todos, aunque sea ruin, para que no hagan pagar demasiado cara la superioridad. Pero para uno, en su interior, en la libertad de su casa, lo puro y lo alto.
No se sabe bien sino lo que se descubre.
Yo te necesito más, mientras menos te veo.
Haz algo bueno cada día en nombre mío.
No le dejes solo el pensamiento a tú mamá. Rodéala y cuídala.
Tú, cada vez que veas la noche oscura o el sol nublado, piensa en mí.
Que tu madre sienta todos los días el calor de tusa brazos.
Piensa en el trabajo, libre y virtuoso, para no tener que vender la libertad de tu corazón y tu hermosura por la mesa y el vestido.
Pasa por la vida pura y buena para que te deseen los buenos, para que te respeten los malos.
Elévate, pensando y trabajando.
Enseñar es crecer.
Tengo la vida a un lado de la mesa, y la muerte a otro, y un pueblo a las espaladas.
El universo encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno.
La elegancia grande y verdadera está en la altivez y la fortaleza del alma.
Esa es la elegancia verdadera: que el vaso no sea más que la flor.
Los alumnos deben amar la escuela, y aprender de ellas cosas agradables y útiles. Se es maestreo contando cuentos verdaderos, en vez de tanto quebrado y decimal.
Una escuela alegre, y útil, y en inglés.
Cuando mires dentro de ti, y de lo que haces, te encuentres como la tierra por la mañana, bañada de luz. Siéntete limpia y ligera, como la luz.
Deja a otros el mundo frívolo: tú vales más. Sonríe y pasa.
Pon un libro, el libro que te pido, sobre mi sepultura. O sobre tu pecho, porque ahí estaré enterrado yo si muero donde no lo sepan los hombres.
Es bueno sufrir, para ver quién nos quiere, y para agradecerlo.
El alarde de los hecho puede cerrar el camino a lo que pueda volver a hacer.
Siempre veo delante de mis ojos la casa abrigada y compasiva.
Escribo con todo el sol sobre el papel.
La dificultad es grande, y los que han de vencerla, también.
La verdad habla poco. Sólo habla para abrirse paso.
Sólo se saben ver en los demás las condiciones que se tienen en sí.
El lirio de mi casa ha echado una nueva flor.
La vida sólo es bella por el deber y por la casa.
Un amor tempestuoso, quema. Un amor impresionable, pasa.
Hay un mal tan grave como precipitar la naturaleza, es contenerla.
Aunque yo no soy más que una perenne angustia de mí mismo todavía tengo una extraña sonrisa para mis locos dolores, y pensamientos de cariño para estas invencibles tristezas que me envuelven.
Porque vivir es carga, por eso vivo: porque vivir es sufrimiento, por eso vivo: vivo, porque yo he de ser más fuerte que todo obstáculo y todo dolor.
No hay inmodestia en las supremas angustias de un espíritu.
Las grandes acciones deciden pronto de los grandes parentescos.
No se es digno de satisfacer sus pasiones, sino cuando se es capaz de dominarlas.
No creo en los éxitos fantásticos; pero si creo en las honradeces predictivas.
Tengo fe en el cariño que me impulsa, y en la tenacidad de mi carácter.
Nada en mí sigue hasta ahora la vía de las existencias ordinarias.
Hay voces íntimas que dicen lo que se debe hacer.
Los hombres generosos han de encontrarse muchas veces con los hombres agradecidos.
Mis memorias me hacen falta para calentarme el alma de tanta soledad.
Grandes cosas estoy obligado a hacer, puesto que grandes bondades tengo que pagar.
¿Qué me importan a mí ahora lóbregas paredes, o cielo azul? ¿No es todo cárcel?
La honra, integra.
Soy tan parco en contraer amistades nuevas, como orgulloso y celoso de las viejas.
Si nada se desenvuelve, todo se apunta.
Fuera cobarde, buscar para los hombres un gran peso, y en el momento de la lucha, echarlo sobre los hombros de otro. Así es fácil el triunfo: siendo injusto.
A mí, los que viven de mí. Vengan ellos: aquí tengo mis brazos, no cansados.
Oro de coches vetustos, como gusanos aún vivos que se asoman   por entre los agujeros de un cadáver ya mondado.
Las penas tienen eso de bueno: fortifican.
Usted conoce de los desórdenes que se hacen en el cerebro de los que saben amar.
Llevo en mí un león preso que me hace pedazos las plumas.
Aquí nadie tiene miedo con los fríos que ya corren.
Está demasiado lejos la cumbre de los montes de la faena humana.
La lengua se deshonra con la queja.
En mi tierra hay todas las virtudes que se necesitan para hacerla, por fin respetada y dichosa. Crece en lo mismo que parece que desmaya; fortalece su ánimo con la paciencia y con el juicio; y se le ve ganar en bondad y energía.
Tú puedes ser justo sin ser vengativo.