Lisi, dime si sientes lo mismo que yo. Dime si te invade
esa sensación que parece extasiarse entre el cansancio, los dolores de cabeza y
la escasez en el bolsillo. Esa que vuelve de nuevo, tal vez con más fuerza; como
una invitada especial al escenario del presente.
Dime si en ti es un sobresalto pasajero o una tromba que revuelve el sentido de tus pasos. O peor, si los silencia. Sólo quiero tu respuesta y que impidas mi naufragio entre ideas fatigadas por las vueltas del reloj, y las pupilas sin brillo, y las caras sin luz. Afirma que no soy yo quien va contando los minutos con la cabeza entre las piernas y los latidos en el centro de la parte más preciada de todo hombre viril. Al menos muéstrame un resquicio por donde pueda filtrarse el verde que no veo. El color de las hojas de mariposa. El parecido al de los sueños. De lo contrario, si no puedes hacer más… ¡engáñame! Pero debo ser yo. Te lo exijo. Quiero encontrar mi verdadero reflejo. El mismo que dejé colgado en el espejo del ayer.
Lisi, dime… ¿sientes lo mismo que yo?
Dime si en ti es un sobresalto pasajero o una tromba que revuelve el sentido de tus pasos. O peor, si los silencia. Sólo quiero tu respuesta y que impidas mi naufragio entre ideas fatigadas por las vueltas del reloj, y las pupilas sin brillo, y las caras sin luz. Afirma que no soy yo quien va contando los minutos con la cabeza entre las piernas y los latidos en el centro de la parte más preciada de todo hombre viril. Al menos muéstrame un resquicio por donde pueda filtrarse el verde que no veo. El color de las hojas de mariposa. El parecido al de los sueños. De lo contrario, si no puedes hacer más… ¡engáñame! Pero debo ser yo. Te lo exijo. Quiero encontrar mi verdadero reflejo. El mismo que dejé colgado en el espejo del ayer.
Lisi, dime… ¿sientes lo mismo que yo?

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