«Hay que ponerse las pilas», le escuché decir a una mujer en el barrio. Y el hombre que recepcionaba aquel mensaje tan sólo movió la cabeza en señal de aprobación. Sus ojos miraban al piso, la frente al mismo lugar. Entonces sobrevinieron mis preguntas:

¿cómo puede alguien andar sin pilas? y… ¿por qué le faltan las pilas? No tardaron después las respuestas pujadas con cierto desenfado: no contamos con materia prima suficiente para pilas. De seguro la demanda ha crecido. O no hay piezas de repuesto para la fábrica. Pero evidentemente algo pasó. Y hay que hacer más con menos. Incluso, desandar sin pilas. O con ellas medio descargadas o vencidas por el uso prolongado sin renovación… ¡qué sé yo!
Lo cierto es que hoy escasean las pilas. Cada vez hay menos baterías recargables, y las tantas que no lo son, se les va cayendo el voltaje y más tarde la intensidad. Nada, que debemos buscar soluciones a este tema, pues ahora lo oigo más seguido. Y no precisamente en boca de mecánicos, electrónicos o especialistas en pilas.