Miradas tiernas que descubren
la inocencia de los sueños.
Pupilas revelando a la esperanza.
Párpados nacidos con un llanto,
gritos de vida y amor.
Miradas tiernas que reflejan
la fragilidad del mañana,
como un cristal hendido
o el espejo cuarteado
por el peso de las sombras.  
Miradas tiernas que regresan.
Otras, confundidas se van.
Miradas que no entienden de odio,
ni de armas o poder vacío.
Pequeñas miradas de gigantes.
Ojos henchidos de luz.
Miradas que remueven corazones,
cicatrizan heridas, y convidan a luchar.
Miradas que retozan con el imposible.
Miradas tiernas, de niños… miradas.