Dibujo del autor

Mañiñín:

No sé por qué estás siempre así, todo sucio y buscando en los latones de basura como un gatico callejero; pero no importa. Papá me dijo que debo ayudar a quien lo necesite. Por eso te escribo esta carta. Y porque quiero ser tu amiga. Sabes, te regalaré un abrigo que papi ya no usa para que te abrigues. Aunque, ahora mismo lo está buscando porque no sabe dónde lo guardó.

Seguro las noches bajo las estrellas son lindas, pero frías. ¡Muy frías! Sobre todo, en los días que chifla la mona, como dice mamá. La otra noche te vi por mi ventana. Yo estaba jugando porque no tenía sueño, y miré como te tapabas con cartones en el portal de la farmacia. A veces el aire volaba los cartones y te levantabas a cogerlos. Me reí porque parecían papalotes. Tú le caías atrás para que no se fueran a bolina. Después no pude reírme más. Me puse seria cuando entendí que tampoco podías dormir, y que tu cama, al contrario de la mía, era dura y fría como la noche, como tus días.  

Mañiñín, o mejor ya te diré «mi amigo», tampoco sé por qué no tienes casa y estás solito. Pero, por algo debe ser. Dice mamá que las cosas no pasan por gusto, y yo le creo. Solo te digo que, como tu amiga, puedes contar conmigo.  Si me ves llegando de la escuela y necesitas de mí, no dudes en llamarme, o si juego en el parque, o en cualquier otro lugar. Somos amigos en las buenas y las malas. Bueno, si es que luego de esta carta decides ser mi amigo.

Y si no, también.

Ahora te dejo porque papá me llama. Parece que el olvidadizo encontró el abrigo. Espero que tu respuesta no demore mucho. Quiero verte arropado desde mi ventana, teniendo dulces sueños.

Me despido, solo por un rato.

Tu amiga, Paula.