Pasaban las ocho de la mañana cuando la enfermera, una maestra, Samuel y su mamá se encontraron en la entrada del círculo infantil. Conversaban en el jardín, a un costado del busto y la bandera, en medio del pasillo:

Je, je, je… ¡Waaa! - Empezó Samuel gritando cuanto pudo.

¿Qué pasa, pipo? - Dijo su mamá.

Ven precioso, ven. – Añadió la enfermera mientras apuntaba el termómetro hacia la frente del bebé.

Todos llevaban tapabocas.

Concluyó la enfermera diciéndole adiós.

Samuel tenía el rostro encogido.

¡Ma, ma! ¡Ma, ma! -Decía parado frente a ella, con los bracitos extendidos.

¡Ay mi príncipe, no! – Dijo la madre con cara de sufrimiento.  

Nené ven, vamos a jugar. – Refirió la maestra.

¡Hi! ¡Hi…! ¡Ma! – Abrazó las piernas de mamá, recostando sobre sus muslos la cabecita.

«A mi burro, a mi burro, le duele el corazón» - Cantó la maestra acercándose a él.

El niño apretó más las piernas de mamá, volteó la mirada.

«El médico le manda jarabe de limón» - Continuaba la maestra, en tanto lo cogía por detrás.

Suspendido en el aire, Samuel pataleaba entre sollozos.

¡Waaa! ¡Waaa! ¡Waaa! – Estaba desconsolado.

Tiene mamitis - Dijo la enfermera con una sonrisa entre los labios.

La maestra se alejaba con el niño:

«A mi burro, a mi burro, le duele la garganta» - Se oía junto al llanto.

Ayer no quiso orinar en el tibor -Contó la enfermera-. No hubo quien lo sentara.

Él es genioso. -Respondió la madre, abriendo la reja de salida.

Y antier tiró los juguetes. -Agregó la enfermera, esta vez cerrando con candado la verja.

«El médico le manda una bufanda blanca» - Al fondo se escuchó.

Vamos a ver cuándo se adapta. -Mamá contestó afligida, antes de despedirse.

Ahorita muchacha. ¿No te acuerdas que con Paula fue igual?