Cómo puede resolver un problema la misma persona que lo provoca, lo agrava, o no sabe cómo resolverlo, y hasta le cuesta reconocerlo. Incluso, en ocasiones llega a justificar sus causas y efectos para seguir persistiendo por algún motivo en el error. La respuesta a esta pregunta pasa por la conjugación de una frase, más allá de las palabras que la forman: “se necesitan cambios”. Cambios diversos y profundos que nacen inevitablemente por el de la mente. Luego, y como todo parte del pensar, pudiéramos llevar proporcionalmente el análisis que haremos de la mente a continuación, a cualquier otro espacio: la familia, el Estado, nuestra Sociedad.

Debemos partir diciendo que la mente por naturaleza es flexible y se ajusta constantemente. Esto nos pone en capacidad de aprender y adaptarnos a lo largo de la vida. Pero, en no pocas ocasiones el pensar programado, si de alguna forma podemos llamar a esto pensar, y al cual estamos constantemente expuestos, puede llevarnos a situaciones difíciles de entender, y casi imposible de accionar en una solución efectiva. Y dijimos una solución, porque cualquier problema trae consigo varias formas de solución. Hoy existen algunas grietas, intencionadas o no, por donde suele introducirse el pensamiento programado. En primer orden está la falta de educación, cuestión básica para dotarnos de las herramientas culturales que permiten construir una visión propia, y más o menos acabada del mundo que nos rodea. Es insuficiente, porque no basta con los estudios básicos, y a veces carentes de calidad en las escuelas. Ni siquiera graduarse de la universidad es suficiente. La necesidad de sumar nuevos conocimientos y actualizar otros debe ser sistemática a lo largo de la existencia. De ahí que esta formación autodidacta es esencial para todo aquel que quiera tener libertad de pensamiento. Más aún en la era de la pseudo-información. Pero ser autodidacta implica disciplina, y sobre todo tiempo. Un privilegio que cada vez tenemos menos, o desperdiciamos más. Luego, la manera en que aplicamos los conocimientos adquiridos, nos llevará a tomar decisiones correctas, o no. Se incluye también como una decisión la inacción. En resumen, resulta imprescindible desarrollar nuestra propia cultura para evitar que nos conviertan en una especie de robots, y puedan otros disponer cómo vivir cada uno de nosotros. Otra manera por la cual pueden programarnos mentalmente es mediante la repetición de dichos y hechos. Por ejemplo, alguien que comente sobre nuestros logros: un abuelo que nos presenta como un ejemplo, un padre que repite nuestras formas de hacer, la televisión que comenta nuestra grandeza. Estos mensajes repetidos con el paso de los años tienden a programar nuestro comportamiento, y por ende el accionar. La gente empieza a vernos como únicos, así que debemos serlo. Y es precisamente eso lo que nos encargamos de pensar y hacer, sintiendo que somos una especie de inmaculados. Mas, los procesos de transformaciones inherentes a la evolución hacen que, inevitablemente nos estrellemos con las necesarias críticas y los bendecidos fracasos. Entonces sucede que la mente programada, al tener por costumbre recibir sólo odas y alabanzas interpreta los reveses y errores como un defecto personal o una falta de habilidad. Como consecuencia, y con el prejuicio de que los demás comiencen a disentir y verla distinta, en muchas ocasiones la mente programada está incapacitada para reconocer el error, tiene emociones negativas, culpa a los demás por su mala decisión, empieza a dudar, y en esencia no aprende sobre la experiencia, sino que toma medidas en el orden práctico para que su imagen ante los demás continúe intachable, lo cual no quiere decir que dichas medidas solucionen adecuadamente el error.

El mayor miedo que debe enfrentar una mente programada si quiere desarrollarse, es el de reinventar su propio cambio de mente. Pero todo cambio que implique transformar cimientos y creencias, demanda valor e inteligencia. Necesita una mentalidad de resiliencia. Las mentes con esta perspectiva entienden que pueden desarrollar sus habilidades y adaptarlas a diferentes situaciones. Reconocen que los errores son inevitables, y esto las pone en condiciones de poder recuperarse y crecer más rápidamente. Ven los problemas con un enfoque de reto o desafío, generando una retroalimentación constructiva durante el proceso de su resolución. Una mentalidad de resiliencia armoniza con una buena salud material y espiritual, y es un factor determinante de bienestar y progreso. Ahora bien, cómo desarrollar una mentalidad de resiliencia. Cómo hacer para que los cambios que esta provoca se conviertan en una actividad continua de adaptación y mejoras. Para eso, debemos entender que el cerebro es un músculo, el cual se atrofia si no se ejercita periódicamente. Y para hacerlo de una forma correcta, necesita de condiciones como desafíos, conocimientos y seguridad de poder hacerlo. Mantener esta estrategia con garantías de tiempo y libertad cada vez más prolongados, activa o reanima más conexiones neuronales que harán tu mente más poderosa. Como mencionamos al principio, si llevamos esta misma simbiosis al ámbito familiar, estatal y social, los resultados pudieran ser similares, o incluso superiores, ya que estaríamos buscando la solución a un problema común desde la conexión de muchas mentalidades de crecimiento y resiliencia, no sólo de neuronas. Tampoco pueden verse los problemas como debilidades o amenazas. Deben ser percibidos como desafíos que nos retan a encontrarles solución, la más acertada posible, con el concurso de cada neurona, sujeto, y grupo social. 

Claro que puede darse el caso que no sepamos cómo hacer algo. No obstante, lo importante es estudiar y practicar las formas de acercarnos a una solución óptima, teniendo en los resultados parciales hasta llegar a ella, las vías para retroalimentar y mejorar las nuevas formas de hacer. Hacer y cambiar para crecer en base a la experiencia. Esa es la fórmula. Por el contrario, no hacer nada, o no aprender y cambiar en base a los errores, en tiempos de tantas luchas, dice de cuánto puede estar sometida una mente a una obstinada programación, y del nivel de riesgos que pudiera estar corriendo de no resolver a tiempo los problemas que afectan cada vez más su salud material y espiritual.    

Entonces, después de alcanzar una meta debemos preguntarnos qué hicimos para que eso ocurriera. Analicemos el proceso y el modo de pensar para llegar hasta la solución correcta. Desarrollarnos con una mentalidad de resiliencia y crecimiento nos permitirá cambiar las mentes programadas, haciendo que podamos avanzar frente a los inmensos desafíos que hoy retan la vida de tantas personas.