Resulta que no puedes ver lo que más te enciende. Hecha de invisibles es la ropa que abriga tu yo real. La mayor señal es cómo llegas a este mundo, y cómo partes de él. En ambos momentos casi nada te envuelve afuera. Mas, suficiente alma puede venir contenida en ese llanto naciente. Y mucho espíritu liberado tras la sonrisa final. 

La sensibilidad con que interpretas la realidad que te circunda no surge de algo material. Tampoco la energía que te hace despertar luego del último sueño. Reír, aunque estés sufriendo. Vivir cuando ya no estés, en el recuerdo de otra mente fecunda. Enamorada. Algo especial resuena en ella tocando las cuerdas del sentimiento. Quizás te imaginas más allá de lo posible, y la fe te impulsa a creer. Ese lindo poder es enteramente tuyo. No depende de capital alguno. Va contigo a cualquier parte. Como la sombra que acompaña tus pasos bajo el influjo del sol.