Estoy en la frontera. Veo casas destruidas frente a mÃ. Las colinas, cubiertas por la niebla, ocultan demasiado. No revelan casi nada. Soy un soldado en medio de la guerra. Creo que en cualquier momento algo se establecerá. Quisiera abrazar a mis hijos, besar a mi esposa. Ahora caminamos con cautela. Nuestras armas están listas. El corazón no tanto. Mis manos tiemblan. Cada paso se vuelve insoportable al silencio de este pueblo en ruinas. El frÃo es atroz…
A través de la mira telescópica, como un espectro tras las paredes, apunto a un ruso. Mi identidad se camufla. Es el instinto de supervivencia, y el deber hacia Ucrania. Los recuerdos del destrozo me impiden flaquear. Sólo queda resistir. Soy la resistencia. Aunque ellos son como yo. Al final somos lo mismo. ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué carajo estamos haciendo? Sobrevivimos en una lucha que nos terminará matando a todos…
Desde un refugio veo aparecer los soldados. Me ha tocado lo peor. No soy una combatiente, pero vi cuando mataron a mi pequeño. No sé qué hacer. No tengo adónde ir. La guerra me lo quitó todo, absolutamente todo. Otra vez el conflicto y en el medio nosotros. Mientras los militares disparan, los civiles no somos más que peones en este tablero mortal…
Avanzamos lento. La radio informa de posibles enemigos. La paranoia me invade. Presumo un peligro en cada esquina. Giro hacia un lado. Apunto el fusil adonde creo pueda haber una emboscada. Luego me volteo. Alerta. Ando con la garganta seca. Pronto empezarán los disparos. ¿Cuándo acabará este infierno…?
Siento el pulso de la tierra bajo mis botas. Deben ser los tanques. Cada instante parece una batalla. Una lucha interior para superar las circunstancias. Los rusos se acercan. Aproximo el dedo al gatillo. Vienen directo a mÃ. Antes de arriaron la bandera del campanario. Corrijo la posición de tiro. Somos enemigos, sÃ, pero también humanos. Sudo a pesar del frÃo…
Oigo las explosiones No ha salido el sol. Se avecina lo inevitable. Vuelvo a pedir por un milagro, por un atisbo de paz en este mundo de mierda. Parece que nadie me atiende. De repente, el eco de un disparo resuena, y en el acto una lluvia de balazos acribilla la escena…
No atino a esconderme. Las piernas no responden. Mi cuerpo se derrumba. En el suelo palpo mi abdomen sin mirar, las manos se manchan…
Los colores se desvanecen y todo pasa muy rápido. La sangre empieza a mezclarse con el fango, los gritos, el frÃo, la muerte. Explotan las bombas. Las balas no paran. Era él o yo…
Muchos corren. Otros caen. Me arrodillo, cierra los ojos y tapo mis oÃdos. No quiero ver. Prefiero no escuchar más. Le sigo pidiendo a Dios…

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