Todo sigue igual

y nada, practicamente nada

puede ser más distinto.

Seguimos perdiendo

lo sagrado del pueblo:

¡su gente!

¿Cuál es el sentido

de un corazón vacío,

de una ciudad desierta?

¿Qué sentido tiene deambular

hoy peor que ayer?

Nada es igual aquí,

al menos en mí,

aunque algunos empeñados

pretendan pensar diferente.