Durante las últimas décadas la democracia y autonomía individual han sido dos valores muy defendidos. Sin embargo, lejos de avanzar hacia una mayor libertad, el mundo cada vez estÔ mÔs dominado despóticamente. Claro que, esta no es una dictadura tradicional, con un líder autoritario y un control militar explícito. Es una forma mÔs compleja y difusa de opresión. Mucho mÔs sofisticada y difícil de entender. Afecta a los sistemas políticos, económicos y sociales dentro y fuera de fronteras geogrÔficas. Analicemos cómo hoy el poder se concentra mÔs mientras los pueblos tienen mucho menos. Lleguemos unidos a la conclusión de que: el mundo es una dictadura en revolución.

 

El control antidemocrÔtico moderno se evidencia rÔpidamente en el poder desmesurado de las grandes corporaciones multinacionales. Empresas como Amazon, Google, Facebook y Microsoft llegaron a un punto en el que tienen mÔs poder que muchos gobiernos juntos, ejerciendo una influencia sin precedentes. No solo influyen en las políticas locales donde operan, sino que también moldean la opinión pública internacional y dictan las reglas del mercado global. La idea del libre mercado hace mucho tiempo que es un espejismo. Una ilusión banal que no juega con la realidad. Son estas corporaciones quienes tienen la capacidad de controlar el flujo de información, la economía y hasta sus políticas gubernamentales.

Amazon es un gran ejemplo del poder corporativo global, operando en mĆŗltiples paĆ­ses y prĆ”cticamente monopolizando el comercio electrónico. Su influencia sobre los gobiernos es clara: la empresa logró negociar condiciones fiscales favorables, utilizando sus enormes tentĆ”culos para obtener beneficios que otras empresas no pueden. AdemĆ”s, su capacidad para establecer reglas en el mercado, desde el precio hasta la logĆ­stica, afecta profundamente a pequeƱas empresas y trabajadores en todo el planeta. En 2019 Amazon fue criticado por su evasión de impuestos en Europa, mientras que en Estados Unidos presionó para lograr la implementación de leyes que favorecieran su crecimiento y minimizara la competencia. 

Facebook, ahora parte de Meta, es otra muestra clara de cómo las grandes corporaciones tecnológicas dominan la economía de datos. En las elecciones presidenciales estadounidenses en 2016, se reveló que Facebook había sido utilizado para la difusión masiva de desinformación, afectando la percepción pública y el resultado electoral de la campaña. Las políticas de moderación de contenido de esta empresa, que deciden qué se visibiliza y qué no, también tienen un impacto directo en la política, transformando la narrativa pública sobre temas cruciales como los derechos humanos, las protestas sociales o las elecciones. A lo largo de los años, distintas autoridades europeas intentaron regular a Facebook debido a su influencia sobre la privacidad y desinformación de la gente, pero la empresa sigue siendo capaz de eludir muchas de estas regulaciones, ejerciendo un férreo control sobre las democracias a nivel mundial.

Ahora entremos en Google, la mayor empresa de búsqueda en línea, que tiene un control casi absoluto sobre el acceso a la información. Esta capacidad le da un poder significativo sobre lo que las personas ven, leen y consumen, influyendo en la opinión pública y afectando el debate democrÔtico. En Europa, las autoridades han multado a Google repetidamente por prÔcticas monopolísticas, como la imposición de su propio motor de búsqueda en dispositivos Android. Sin embargo, el poder de dicha transnacional en la política global va mÔs allÔ de su mercado; al decidir qué información es prominente en sus resultados de búsqueda y cuÔl se suprime, Google puede moldear las opiniones de millones de personas, controlando narrativas para cualquier tema. Este control le otorga una posición comparable a la de los gobiernos, pero con el pequeño detalle de que no tiene ningún tipo de responsabilidad democrÔtica con la sociedad.

Microsoft, una de las empresas de tecnologĆ­a mĆ”s poderosas, ha influido en las polĆ­ticas de numerosos paĆ­ses mediante su dominio del mercado de software. Durante varios aƱos fue acusada de prĆ”cticas monopólicas, como la imposición de su sistema operativo Windows en la mayorĆ­a de los dispositivos, limitando la competencia industrial. Actualmente, la compaƱƭa sigue teniendo una influencia inmensa, no solo en el sector privado, sino tambiĆ©n en el pĆŗblico, con su uso masivo de datos y participación activa en la digitalización de gobiernos y empresas. Las decisiones de Microsoft sobre el acceso a la tecnologĆ­a y la protección de datos afectan la polĆ­tica, dado que gobiernos y ciudadanos dependen todavĆ­a mucho de su software. 

Otro ejemplo muy interesante es Apple, que a travĆ©s de su control sobre el mercado de dispositivos móviles y su ecosistema cerrado,  ejerce una desmedida influencia económica y polĆ­tica. Que nadie lo dude. La compaƱƭa enfrentó crĆ­ticas por su control sobre aplicaciones y servicios que ofrecen sus dispositivos, generando una enorme concentración de poder. La gestión de Apple sobre la privacidad de los datos, asĆ­ como la censura de aplicaciones dentro de su App Store tambiĆ©n repercute polĆ­ticamente, ya que influye en la disponibilidad de información y servicios que son cruciales para la democracia moderna. En 2021 la empresa enfrentó una multa de la Comisión Europea por monopolizar su tienda de aplicaciones, situación que refleja cómo estas corporaciones globales pueden dictar las reglas del mercado sin prĆ”cticamente ninguna intervención "democrĆ”tica" de los gobiernos.

Uber, otro gigante que también refleja cómo las grandes corporaciones desafían tranquilamente las regulaciones vigentes. En varios países esta compañía opera en un vacío legal, desafiando las leyes locales sobre transporte y empleo. Uber ha ejercido presión gubernamental para cambiar normativas a su favor, muchas veces manipulando la percepción pública para conseguir tal propósito. En ciudades como Barcelona, Londres y Nueva York, demostró cómo una corporación puede eludir leyes nacionales e influir en los gobiernos para asegurarse de que sus intereses prevalezcan por encima de cualquier democracia de papel, afectando así las regulaciones económicas y el bienestar social.


Estos son tiempos donde las grandes corporaciones tecnológicas y multinacionales, como las vistas anteriormente, poseen un poder tal que son capaces de influir en las polĆ­ticas gubernamentales, manipular la información, y moldear las economĆ­as a su favor. Aunque estas empresas operan bajo el pretexto de ofrecer servicios beneficiosos para sus consumidores, en realidad consolidan una concentración de poder económico y polĆ­tico sin precedentes, lo cual refuerza a una pujante y novedosa forma de dictadura, no a escala local o nacional, sino un poquito mĆ”s: ¡global! Bajo este escenario, al parecer de bastante resignación e indiferencia, la capacidad de los paĆ­ses para ejercer la democracia mĆ”s allĆ” de las urnas, se hunde en el profundo ocĆ©ano de internet.