Detén
un segundo el reloj
y
observa a tú alrededor.
Respira
hondo,
ensancha
los pulmones
contemplando
la obra
erigida
o aplastada con tus pasos.
Date
el espacio para meditar
si
el camino que llevas
te
conduce al lugar
que
despierto soñaste
o
al barranco sin retorno
que
dormido borraste.
Sentado,
expira lentamente
el
aliento y con él las ideas
que
oscurecen tu sendero.
Toma
un destello de tiempo
para
asegurarte
si
actúas por lo que quieres
o
a merced de lo que puedes.
Cierra
hondo los ojos
para
entender en la mente
lo
que explica el corazón.
Solo
entonces sabrás
si
los sentimientos
abrazan
tus pensamientos,
y
se impone el decidir.
¿Qué
camino tomas tú?
¿Es
realmente el que quieres?
Si
un no dibuja tu conciencia,
no
te aflijas.
Nunca
es tarde
para
volver a empezar.

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