Aquella tarde Alina bañaba a su hija de cinco años y aprovechó para preguntarle:
- ¿Lía, le diste el regalo a la maestra?
¿Qué le pareció?
La niña toda mojada no contestaba.

Al no tener respuestas, la mujer volvió a insistir.
- Mi amor, te pregunté si le diste el regalo a la maestra.

Mientras secaba su rostro, la inocente miró a la madre sin hablar.
- ¿Lía, que pasa? ¡Ya me estás poniendo nerviosa!
- Es que… (Interrumpió antes de enmudecer nuevamente)
- ¡¿Es qué Lía?! 
  ¿No le gustó el regalo a la maestra? ¿Se te perdió? ¿No se lo diste?

- ¡No, mami!
   No es nada de eso.
- ¿Entonces qué pasó mi niña…? 

La pequeña percibió una expresión de dolor en Alina y decidió explicarlo todo.
- Es que cuando le di mi postalita a la maestra, ella solo la puso encima de la  mesa. Pero no la abrió ni me dijo nada.

Lía agachó la cabeza, intentando ocultar sus lágrimas antes de continuar.
- Después, Emanuel le regaló una caja grande de muchos colores. Adentro tenía un adorno hermoso y la maestra se puso tan contenta, que hasta lo abrazó.