Pensé que eso no me iba a suceder, pero no todo es lo que parece.
En pocas líneas, entre signos de admiración, apareció un mensaje en rojo. Al instante la señal de advertencia con un sonido estridente para captar la atención. Resultaba evidente el fracaso.
Luego, por más que lo intenté no pude avanzar. Ni empleando los recursos aprendidos con el tiempo. Trucos, experiencias… atajos del oficio. Nada me condujo adonde esperaba. O adonde me habían dicho que llegaría si aplicaba la rutina aprobada. Nociones de clases antiguas. Hojas llenas de fórmulas y análisis de probabilidad. Programación contra fallos posibles, tesis de resultados deseados. Nada me hizo sospechar de esas letras que resaltaron el problema. «Simples» símbolos rojos.  Años de estudios y ganas de hacer suspendidos por el «ACCESO DENEGADO», o los «SITIOS PROHIBIDOS». Mensajes remarcados que aludían a un posible virus. O que el equipo estaba corrupto y la información incorrecta. Justificaciones dispuestas para mantener la tensión, desanimar las ganas, frustrar a la paciencia. Un maldito WARNING insistía sobre daños en el sistema debido a cambios de configuración. También que existía un proceso externo no autorizado intentando infectar los programas. Después no supe que hacer. 
Ahora sólo se que la tecnología se desarrolla. La gente insiste en que ella también. Aunque persisten las fallas. Errores como ese 403.