Dicen que es verano pero no lo siento, excepto por el calor.
Este calor insoportable que asfixia hasta las ganas. «Cuba es un verano sin fin»
-repiten algunos masoquistas. Siento que es verdad, lo de las ganas y el calor.
También que las cosas cambian aunque el presente lo niega. Y lo hace sin
palabras porque no quiere decir.
Ahora yo voy asÃ… ¡mudo! Voy por una calle de mi olvidado pueblo. Voy por un sendero cuesta abajo que me empuja al mismo lugar. Un sitio al que vuelvo como puedo porque lo necesito. Desando, pienso y no descubro nada. Ella me acompaña a mÃ, la nada, que tampoco habla, como yo. «¿Por qué nos parecemos tanto?» -Me preguntó adrede una vez. «¿Será que somos lo mismo?» -Le respondà con una mirada. Un vistazo indefinido tan sólo claro entre los dos.
Ahora yo voy asÃ… ¡mudo! Voy por una calle de mi olvidado pueblo. Voy por un sendero cuesta abajo que me empuja al mismo lugar. Un sitio al que vuelvo como puedo porque lo necesito. Desando, pienso y no descubro nada. Ella me acompaña a mÃ, la nada, que tampoco habla, como yo. «¿Por qué nos parecemos tanto?» -Me preguntó adrede una vez. «¿Será que somos lo mismo?» -Le respondà con una mirada. Un vistazo indefinido tan sólo claro entre los dos.
La gente inconsciente pasa y yo concentrado ni me inmuto. No me
importa a esta altura lo que crean de mÃ. Ya no vivo de apariencias ni de
opiniones ajenas. Yo voy a lo que vine. Vengo a reencontrarme conmigo y la
esencia que perdÃ.
Llego y están ahÃ. Mi niña de apenas cinco años que quedó atrás
con su madre. No pudo ser diferente. Mi esencia. Una indiecita de pelo corto,
inocencia larga, futuro impreciso. -Papá, cuando yo sea grande voy a ser
doctora para curarte -me dijo una tarde en que jugábamos juntos. Yo no aguanté
y tuve que ocultarle una lágrima entre risas. Ella siguió jugando como si todo
estuviera bien. Después comenzaron mis discusiones con su madre, y luego aquel
maldito imprevisto que nos separó. Es que la vida es asÃ… ¡una mierda! Una
grandÃsima mierda que no sabes cuándo te caerá encima para ahogarte con toda su
peste.
No puedo negar que me sorprendió lo sucedido, y aún no lo
supero. Por eso vengo seguido a ver la niña y a decirle a su santa madre que la
quiero. Aunque ella no me escuche, como ahora. No obstante, sé que también me
extraña. Lo sé porque conserva el retrato en que estamos los tres.
Este último mes he venido muchas veces, y lo seguiré haciendo
mientras pueda. Ellas me necesitan y yo preciso saber cómo vive mi hija.
Ahora ya las vi y voy de regreso. Voy más tranquilo hasta mañana
otra vez. Ya besé a mi esencia, le supliqué a su madre y les pedà perdón, otra
vez. Desando, pienso, regreso a mi oscuro rincón. Dicen que es verano pero no
lo siento, excepto por el calor. Este calor insoportable que asfixia hasta las
ganas y pudre las entrañas del hombre que fui.

0 Comentarios