He pensado en varios inicios para este final que a todos acecha, pero ninguno logra llenar su voluntad, ni son completamente fieles a la imagen de un ser amado. No pueden consolarme ante la impotencia. Nadie puede. Ni siquiera mis hijos lo consiguen. Ni ellos saben llevarme adonde ahora quiero estar.

Este principio tampoco lo hará. Es una convicción de quien solo en su dolor sabe lo que se siente. Aun así, debo intentarlo. Algo tengo que hacer para acortar la distancia, y disuadir los pensamientos agolpados por montones. Ellos y el insomnio me desesperan.

Yo también quiero recordarla desde aquí, porque es difícil… ¡Muy difícil! Imaginarse «esta despedida» separados por mil kilómetros. Escuchar la voz de tu madre, tus tíos y hermana, la familia toda, sentirlos destruidos sin al menos ver por un instante lo que pasa, es un martirio. Aunque te creas capaz e imagines cómo será. Nunca se está preparado para algo así. Hay que curarse poco a poco. Y entre tanta tristeza la imaginación simplemente me sirve para empeorar la situación. Los hechos, junto a este maldito virus que nos mantiene confinados, se encarga de eso. De eso y más. No existe un consuelo para llenar el vacío de la partida. Lo digo mientras pienso en Isabel: de cuando preguntó si los hombres lloraban y mi respuesta no la convenció. Lo vi en la expresión de su rostro.

Ahora ella está conmigo aquí, y Lisandra, y Ernestico también. Ellos me ayudan a cargar con esta fecha que ya se incrustó dentro de mí: 25 de abril del 2020…

Es el día dedicado a mi abuela querida. Lo hago con una nube de tormentos nublándome la razón. Pero lo intento por ella, y al fin lo conseguí. Lo hice para acompañarla donde quiera que esté. Es la noche de su despedida, y quiero que lo tenga claro como la estrella adonde seguro fue, que una parte de mí se va con ella, porque siempre necesitaré de su calor. ¡Siempre!

Hoy, con siete años de edad, Isa comprendió que los hombres también lloran. Y cuando es por dolor deben hacerlo con el corazón, para ir lentamente y con el tiempo resignando al alma.