Uno suele tener muchas vidas dentro de
una misma existencia, y pensar que se conoce asà mismo cuando en realidad es un
ignorante de su verdadero yo, como la raÃz olvidada en el fondo de la tierra.
Los espejos sirven poco para estos casos. También las fotos de antaño y los
cuentos de mamá. Nada te puede encontrar si no sabes lo que buscas. Sólo
estando frente a lo que es entiendes la razón. A veces mueres sin saberla.
Tal parece que vivir se convierte en la obsesión de buscar, ceguera de ojos abiertos en total oscuridad, empeño de los desorientados. Andamos porque cada dÃa debemos levantarnos, aun sabiendo de antemano que el ayuno es enorme. Lo que la gente entiende por esto, por salir al mundo cada mañana para exprimirlo cuanto pueda a su favor, no es más que una conveniencia para la estafa. Te engañan. No puedo decir otra cosa cuando yo también he caÃdo en él, y no quiero que tú vuelvas a caer. Lo digo como si fuera fácil conseguirlo, como si se tratase de tirar una hoja gastada a la basura y coger otra nueva, pero al menos te prevengo. Tal vez dirás que prevenir no es suficiente, o que no has sufrido ningún engaño, te propongo analizar. Seguro has quedado fascinado en un acto de magia con cucharas que se doblan sin tocarlas, o mujeres serradas por la cintura que siguen moviendo las piernas, o con un hombre que desaparece y sale en otro lugar. Todos, sin ninguna excepción, son engaños de tu mente, y lo peor es que no nos damos cuenta. O, mejor dicho, nos traiciona pensar más rápido. Mira, lo que pasa es que me incomoda la idea de que no puedas ir más allá, ni hacer todo lo bueno que dices, y que te prives de cuestionarte las cosas. Detrás de cada pregunta debe haber una respuesta convincente, y más que eso, una solución que te haga encontrarte entre tanta sinrazón. Si no, cuando las arrugas te recuerden que no hay vuelta atrás, serás tan solo un puñado de desilusión. La parvedad del presente me ha llevado hasta aquÃ, lo cual le agradezco porque me hizo descubrir la dimensión de mi engaño. Al menos de este. De otra forma creo que hubiera sido imposible. A veces sólo con el encierro aparece la salida real. Es un poco raro como surgen las circunstancias de golpe, y con esa misma velocidad tienes que decidir qué hacer, y de tu fallo dependerá otro escalón en la vida, una enigmática escalera de naipes. Los pasos que en ella des deben ser seguros, de lo contrario puedes resbalar, y la caÃda tras un tropiezo asà es inevitable. Si estoy convencido es preciso decir lo que veo. Hablar de mi visión. Tengo que hacerlo para no engañarme. Es la única manera, aunque siga respirando, de no estar antes de tiempo retozando con la muerte, de no sentir su aliento, sentirla como enfrÃa mi espalda con su desboque, como si quisiera impregnar su hielo para congelarme los sentidos, y hacer con ellos lo que quiera, jugar a un juego distinto u otro ya conocido, uno elegido entre los tantos que hoy surgen por ahÃ, la lúdica que la mente elige para no dimitir, aunque para ello deba aplastar la esperanza que por azar encontré. Eso hace la mente, pero no comprendo exactamente por qué no encuentra un poco más, por qué no logra sacarme de este timo tan seguido, uno que se ha vuelto imprescindible para los perdidos.

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