Oigo la tormenta, siento que ya viene por mÃ. Pero no te preocupes porque lo negro de todas formas pasará, y entonces será mañana otra vez. Eso espero. Estoy listo para el vendaval. Por eso inclino hacia atrás la cabeza, la apoyo sobre mis manos y cierro los ojos. De seguro haré gestos de dolor con las gotas reventándose en mi cara. No podrá ser diferente. Saldrán de una nube con el único objetivo de empaparlo todo. Limpiar. No puede haber excepción. Será asÃ, porque al final este nubarrón es como los demás, explota en un diluvio incontenible ante tanta presión.

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