¡No repitas
lo que no quiero oÃr!
No pongas
tus palabras en el espacio
cedido por mi silencio.
¡No lo permitiré!
Tampoco que entres
por esa puerta de ingenuidad,
y juegues con doble cara
de santo, de buena fe.
La oportunidad -presión, cansancio, necesidad-
me remuerde la conciencia ver
sin hacer siquiera; al menos algo.
¡La cama sólo sabe lo que siento!
Ella, y la inquietud sobre el colchón
con estas ojeras visibles y el llanto…
oculto, como ando hoy.
Saltan las ideas hacia lo insondable.
Ellas a veces persisten.
Intentan sobrevivir.
Es un mero instinto de supervivencia.
Es el sollozo de un alma desesperada.
¡Es el miedo al final!
Pero todavÃa estoy aquÃ
y no quiero irme sin dejar la huella,
más allá de mis hijos y el árbol
que planté.
Sé que es bastante, pero no suficiente
para estar tranquilo. En paz conmigo y esta
vida que tengo. Antes que mi cuerpo cansado,
viejo un dÃa ya, se convierta en la ceniza
del fuego que nunca quemó.

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