Pienso en el enredo
que cubre el árbol
de una verdad.
Enredaderas enredadas
como andamos muchos.
Eso dicen los días
y los pasos sobre el fango,
la lluvia que corre
entre las piedras
aparecidas con el tiempo,
a diario, en un mes,
cada año como este
que casi nos deja.
Se va con penas
más que glorias.
Se va como el agua entre las piedras,
arrastrando a su paso todo
lo que pudo y quiso llevar:
restos de hojas caídas,
palos de ramas secas
en un árbol cualquiera,
sin importar su tamaño,
cayendo como aquella noche
donde hasta la luna se marchó.
Y no se trata de algo natural
entre los seres que circundan;
va más allá. Va a un estado
aún confuso para los que viven del ayer.
El monte nunca vuelve a ser igual
tras el paso del vendaval.
Por eso, aunque perdone
e intente ver distinto,
y no tome experiencia
y no mire los rayos
que dañan al árbol
ya longevo,
la realidad,
como el sol de cada mañana,
SE REVELA...
...Se revela.

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