No entiendes,
quizás mucho más,
como pueden
suceder las
cosas.
Ocultan su
estirpe
real.
Te observan
sin verlos
jamás.
Y nada,
prácticamente
nada
puede frenar su
capricho.
Ni tu encanto
más sublime.
Tampoco
sabrás
por tu forma
lo que yo supe
una vez:
tanto encierro
a plena luz,
casi tanto como
ahora
en nombre del
amor.
Miedos.
Al frente de
ti
pobre flor.
Flor de vidrio,
marchita.
Miedos e incertidumbre.

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