Sus ojos confunden la realidad. No reflejan qué está pensando ahora, o lo que siente después. Casi nunca lo hacen. No sé cómo puede lograrlo, pero ella es así. Consigue ocultar lo que tiene su «yo» real. Algunos quisieran ese don, mas querer no es suficiente.

Yulay anda por el mundo escondiendo en una mirada su padecer desde niña. Quizás lo aprendió siendo aún pequeña, para adaptarse al ambiente y soportar el dolor. Tal vez con eso pretende, desde un enfoque distinto, aferrarse a su fe.