El sexo aún estaba húmedo.
Sus lágrimas, secas
en unos ojos encendidos
para olvidar el mal,
el mal que le apagó la vida.
No era la primera vez.
Ya conocÃa aquel encuentro
de acompañantes distintos.
Su regreso por presión
al antiguo oficio.
Muy lejos de cuanto quiso
hacer desde la niñez.
En un cuarto de quinta
entre sábanas manchadas.
Su esperanza se agotó.
Volvió a la obscuridad.
Dicen que es cosa del destino.
Regresó a la muerte.

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