Abro los ojos y estoy
peor. Rompo los zentroles de mierda que me detienen. SonrÃo. Vuelvo al Kalrock
donde la conocÃ. Una extravolt me lleva hasta allá. La calle ya está aburrida.
Antes era un carnaval. Sobre todo, por las manchas de rojo. El rojo con sabor a
rancio que me causa la risa.
Mi cabeza quiere estallar,
pero rio. Vomito. Soy un caos sonriente.
Hidrac viene conmigo. Ella
no es esa. Ella es una hembra de mucha monta para esa clase de infames. En
realidad, se llama Stefhani Jol. Su madre, que en paz de descanse, le puso ese
nombre. Mamá tuvo tanto voltaje que acabó en la mesa eléctrica. La hija es su
calco. Mi chica es nitroglicerina. Pura bomba con los machos y las mechas para
achicharrar Flemadelas y suburbios parecidos. Ella es rebelde. Es una loca
libertad. Yo me le parezco. Por eso empastamos bien. Nos queremos bien. Más que
querernos, nos amamos.
Empiezo como otras noches,
alquilándole el cuarto a las hadas oscuras: unas artistas libidinosas con seres
del más allá, las cuales pagan decenas de bitwers por cualquier espacio. Con
ese dinero se abren las puertas del Kalrock para nosotros.
El festejo recién empieza
cuando llegamos. Acostumbro a sentarme en la barra, cerca de los megabells, por
el calor. Me alejo de la rampa y el concierto de The Zombis. Lidio poco con la
música clásica para relajarme. Prefiero el rock si fumo yerba entre tragos de
Virgin One.
En el reservado del fondo
se besan dos quimiomonjas. El fluido de sus lenguas ilumina la mesa. Otro
noctodull se cuelga del tubo y mueve las antenas para seducir. Un grupo de
tragahielos calientan la pista con su baile levitante. El chisme del rebelado
no ha explotado todavÃa, como nube de ciclón, para inundar la ciudad. No,
porque algunas limpiasangre continúan allÃ, perdiendo puntos por el desempleo.
Los mocolantes permanecen en el baño con sus vÃctimas de turno. Todo queda
registrado en mi AXD-26.
De repente, veo a Hidrac
entre los cuadrabox de un portal temporal. Una llamada la aparta de mÃ. Dice
vuelvo pronto antes de alejarse con sus tirantes de metal. Yo le acaricio las
cuencas y la dejo partir.
Una mantÃcora la espera
del otro lado. Vuelvo enseguida, repite antes de montar. Kalrock no se irá de
aquÃ, sentencia y se alejan los dos. El cálice con el Virgin One ahoga mi
impotencia, el desespero. En definitiva, soy un hombre duro, impenetrable. Soy
un macho de verdad.
¿A quién quiero engañar?
Por Hidrac soy un helado
en el horno. El rico helado de esquirlas orbitales con chispitas de colitermos
en un pote inorgánico. Un regalo de no cumpleaños para todos los dÃas.
Esa negra es dinamita, me saca los pistones. En serio, es algo increÃble.
- Oye
Tills… ¿te pongo otro? -Pregunta el bardeam.
- SÃ,
dame otro -le acerco el cáliz.
- ¿La
noche promete… eh? -Agrega mientras sirve el trago.
- Parece,
sÃ. -Le contesto mirando al tipo de las gafas que acaba de llegar.
Son espejuelos con visión
nanoazul.
- Lleva
dÃas viniendo por aquÃ, -insinúa el bardeam-.
Yo aparento no escuchar a
uno ni ver al otro. Disimulo mi tirria. La oculto en una risa con humo. Doy
otra fumada, suelto más humo, esta vez por la nariz. Rio y el rencor se cuela
hasta los huesos, como el humo en los pulmones. Odio los tipejos de su calaña.
No soporto la visión nanoazul de sus gafas, ni los emblemas que usan para
marcar su institución.
El cpulter aún no pide
nada de tomar. Tampoco tiene compañÃa, algo raro en ellos. Este se centra en
observar. Parece decidido. Mucha intriga para mi gusto. Finjo que miro a The
Zombis u otro infeliz. El hombre se gira hacia mÃ. Tardó demasiado. Su calvicie
con ese traje verde me retuerce, y al mismo tiempo me atrae. Es algo difÃcil de
explicar.
- SÃrveme
un Parteaguas en otro cáliz, -pido en un santiamén.
- El
extra fuerte, -señalo, mientras me paro enfocando las gafas.
Como yo no me parezco a
nadie, excepto a Hidrac, hago amigos. «Me gusta tener buenos amigos». Más, si
te joden por salirte de la raya, aunque sea un poquitico.
¡Sola vaya!
Con estos tipos el que
hace sombra se va. Y yo no quiero irme todavÃa. Menos sin mi hembra.
Paso entre los tragahielos
para llegar hasta él. Tras un saludo de rutina pido acompañarlo. El cpulter
levanta la cabeza, sorprendido. Me mira. Sus gafas brillan. Yo siento como la
visión nanoazul atraviesa mi AXD-26. Intenta hackear las neurotx. Fija más la
visión. Un poco más, hasta que sonrÃe extendiendo un brazo. No lo consigue. Yo
le devuelvo la risa con una mueca parecida. Le doy el Parteaguas y aprovecho
para sentarme. Estoy donde puedo. El pistoletazo de salida está a punto de
sonar.
¡Ya sonó!
El «amigo» pone las gafas sobre la mesa. Sus pupilas
cambian de horizontal a rasgadas, buscando algún indicio. Usan bastante ese
aditivo de la visión nanoazul. Ellos dominan el arte del contagio. Infectan tus
neurotx.
Dice que está aquà de nuevo. Me reclino hacia atrás. Creo
entender su objetivo. De hecho, lo sé. Pero no quiero recordarlo. Al menos
hasta que Hidrac regrese. Con ella, sus manos, mi erección, todo cobra sentido. Tengo
que aguantar.
Ninguno de los dos vuelve a hablar por un instante. El
Kalrock se envuelve entre bullas, sudores y mucho más. Sobre un costado de la
mesa emerge un holograma. El cpulter lanza su pregunta:
- ¿Cómo
piensas salir la próxima vez?
Refiere, señalando el prototipo de mi prisión.
Miro a otra parte con un pitillo entre los labios. Intento
ganar tiempo.
- No
lo sé. -Contesto con una sonrisa asÃ, de medio lado.
Vuelco la mirada hacia él.
- Como
se me ocurra. -Digo tirando al piso la colilla.
El hombre me escucha atento. Yo entrelazo los brazos y hago
un gesto con los hombros.
- De
todas formas, vendrás por mÃ, ¿o no?
Mi amigo sigue serio. Después asienta con la cabeza y apaga
el holograma. De la forma que espero sella nuestra amistad. Me lanza un
endopiñazo a la cara. Caigo al piso y se tira sobre mÃ. Damos vueltas. Logro
apartarlo y conectarle un huperbak en el abdomen. No tiene el chaleco
antiflechas. Se sienten gritos. La música se detiene. Lo dejo sin aire por un
momento. Recobra el aliento sacando una cryptodaga. Yo disparo mi hexarpón y le
atravieso el pecho.
La noche empieza a teñirse de rojo. Las limpiasangre, al
fin, tienen trabajo.
Salgo del Kalrock tan rápido como puedo. Corro hacia la
salida con otra risa en el rostro. Una carcajada enloquecida que termina
convirtiéndose en llanto. Hidrac se fue. Pienso entre sollozos. No ha vuelto
todavÃa. Me seco las lágrimas ido de razón. No lo dudo más, voy a buscarla.
Ando por el pasillo de las cruces, en el sexto piso del
Domo E. Casi llego a donde está. Llevo sudado el Kevlar III en toda
la espalda. Me cruje el estómago, pero debo encontrarla. Siempre sé dónde está
Hidrac. Nosotros no tenemos secretos. Es decir, tuvimos uno, pero nunca jamás. Los
secretos a veces terminan mal. Pero nosotros no. Nosotros nos queremos bien.
SonrÃo, rozando con una mano mi sexo.
Sigo caminando hasta las gargovelas. Las piernas también me
sudan. Seguro dice por qué no ha vuelto, y yo le comento por qué no espero.
Saldremos abrazados, como cuando lo hacemos sobre esta misma fosabinaria. Ella
afloja el cinto, me baja el pantalón y empieza a chuparla. Es su especialidad.
Después la mordisquea, antes de frotarla por sus senos y terminar metiéndosela.
La saca y la mete como le da la gana. Vuelve a mamarla, la escupe de rabia, con
el blúmer por las rodillas, mojado de fluidos y el orine de su éxtasis. Hidrac
se transforma a pesar de la edad. Es una fiera. Te enreda con su lengua y no
puedes escapar. Por eso estoy de nuevo aquÃ, porque lo tengo todo grabado en mi
AXD-26.
Llego y contemplo el lugar por unos segundos. Estoy aquÃ,
repito tumbándome sobre la losa. Como puedo, alcanzo a escanear el QRLife
incrustado en la tarja. Seguido de una voz, Hidrac se proyecta en 5D. Llegué,
murmuro sobre mi espalda. Logro verla borrosa: de niña, adolescente, cargando
un bebé, más adulta, nuestro amor. AsÃ, mirando a mi hembra bajo las estrellas,
me relajo. Ella no es esa, digo más tranquilo, con los párpados caÃdos, muerto
de cansancio, hambre, perdición. No lo es, redundo calmado. Lucho contra el
sueño. Acabo dormido.
Al rato, siento un fuerte golpe en la cabeza. Me desmayo.
Abro los ojos y estoy mejor. Pasmosamente mejor. Aunque
amarrado de pies y manos. Tengo un cpulter a cada lado de la cápsula
hidrotranquilizante. Al mismo tiempo, una testnur monitorea mis signos
racionales, y dos psicotester invaden mi AXD-26. En una enorme pantalla enseñan
el resultado. Ponen cada detalle: la forma como escapo del hospital, las veces
que visito el Kalrock, peleas, el sexo, todo. Observan absolutamente todo, esos
hijos de puta.
Incluso, reviven el dÃa cuando por mi culpa, frÃen a
Hidrac. Una sola descarga de corriente la mató frente a mÃ. Como le hicieron a
mamá, los muy cabrones. ¡Hijos de perra!
Pero, como si no fuera suficiente, como si quisieran
volverme loco, «mis amigos» detienen el video en el mismo instante de la última
vez.
- Eso
es mentira, -balbuceo con una sonrisa entre los labios.
- ¿De
verdad? -Dice un psicotester.
La imagen muestra a dos personas.
- No
voy a caer en su juego. -Consigo decir.
En la habitación algunos rÃen. Uno de ellos, señalando a la
pantalla, insinúa:
- Ese
eres tú.
Vuelve a reÃr antes de seguir.
- Y
quien te tiene cargado… -lo interrumpo de un tirón.
- ¡Esa
no es ella! -Grito.
Las carcajadas continúan.
- ¡Ya
les dije que no es…! ¡Esa tal Stefhani Jol no es mi mamá! ¡No lo es! ¡No lo es!
¡No lo es!
En el cuarto todos mueren de la risa.

0 Comentarios