El momento histórico que vivimos hoy impone el
análisis continuo de nuestra realidad. Las ideas tienen por respaldo la acción
cuando son sinceras. Ni palabras vanas o miedos del silencio: la desconexión,
son la forma propicia de elevar la entereza de aquellos que con su ejemplo nos
legaron la Patria. Este sentir es de conciencia, no de pesimismo. Hay mucha
tierra sembrada ¡Tierra fértil! Puede ser de palmas reales o del más torcido
marabú. Con el pensamiento pasa igual. Sembremos más ahora, teniendo como
base nuestro amor por Cuba, el campo de la libertad. Lo angosto del terreno no
puede menguarnos las ganas de cultivar con nuevos aires de fidelidad. Las nubes
grises que anuncian torrenciales deben llevarnos a encauzar el agua que sirva
para enfrentar la sequía. No aprovecharla traería una aridez total, como las
leguas del desierto que se extienden por el África empobrecida. Y en medio de
los truenos, los relámpagos y la oscuridad, aparecerá la lluvia qué salvará la
siembra, y llegarán los frutos anhelados: ¡Frutos del esfuerzo y la
unión!
Nuestros hijos lo necesitan.
Por eso el reposo
no es opción si la labranza espera. Numerosa espina debe ser cortada por el
bien de la cosecha. Lo que convida a crecer nadie lo hará por nosotros, crecer
y hacernos más fuertes: el trabajo de las manos que persisten con su esfuerzo.
Tras el rigor del machete, con ampollas y sudor, continúan. No existe un camino
distinto para arrancar las espinas. Deben seguir bajo el sol, pese a las puntas
que hincan la dignidad de sus huellas. Así tiene que ser hasta que Cuba quede
limpia, completamente libre de toda especie invasora, de cada arbusto caduco.
Que otros se derrumben ante la inmensidad de la
crisis. Los buenos se apalancan de ella para impulsarse hacia el futuro. Saltan
con decisión sobre los retos del presente. El triunfo luego del sacrificio, con
la dicha de haberlo logrado como único trofeo de campeón, les basta para
saberse honrados. Será un premio tan puro como la brisa del mar, o la sonrisa
del niño alimentado por su madre. En el pecho de una mujer dedicada a la
crianza de su hijo el hambre no tiene espacio. tampoco en la mente del padre
abnegado, que se cansa, pero no claudica. De un hueco profundo también sale el
agua que nos llena de vida. El escritor probado convierte la noche más oscura
en la historia más fascinante.
Aquellos que no vean el potencial de esta crisis,
que no interpreten su sombra como un entorno hacia la luz, seguirán miopes,
quizás hasta queden ciegos; porque sólo si se observa con la mente apta, como
un microscopio calibrado en su exacta dimensión, puede distinguirse el
entramado de hechos que conforman el contexto actual. Emergen de sus variantes
los segmentos del pueblo, comunas de motivaciones distintas en un mismo país:
tribus de ambientes digitales, carencias que azotan valores, sueños sin
cumplir. Situaciones que alejan y a la vez nos unen. De la crisis y la
diferencia nacen líderes nuevos. De los nuevos líderes surge el consenso guiado
por el diálogo y la transparencia. Del consenso real aparece el rumbo a
seguir.
La unidad necesaria se consigue con hechos honestos;
respetando al que piense distinto dada su experiencia; dándole voz a todos si
somos la misma nación; ha de asumirse posturas que defiendan la justicia, sobre
todo en este escenario diverso, cambiante y tan complejo. Es de patriota luchar
por nuestras creencias, al precio de cualquier sacrificio, no importa cuánto.
¡Hacer! Es eso o vivir sometidos a dogmas extranjeros: sobrevivir bajo
designios ajenos, como los aborígenes por el coloniaje español, esclavos de su
ingenuidad. Nos corresponde, a los que elegimos quedarnos aquí, sincronizar la
secuencia de cada acto, una y otra vez, la sucesión de acciones pensadas,
también con hermanos afuera, hasta que sea imparable. Debemos dar los pasos que
garanticen el cultivo, y únicamente se detengan por la pausa prevista, para
reorganizar la siembra todavía salvable. Lo que queremos es ver con absoluto
placer cómo donde ahora hay espinas, mañana puede elevarse, cual símbolo del
afecto, la palma de los erguidos, valiente, con
pundonor.
¡Nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de
parar su embiste hacia el problema, encontrar esencias e interpretarlo tal como
es: con sus aristas atravesando cada franja del camino; nadie puede rendirse
hasta encontrar la cabal solución! Los obstáculos que sorteamos deben acoplarnos,
no lo contrario. Otra cosa sería postergar, a pesar de las trabas que se ven,
la caída inevitable. Las aulas del
proceso muestran con demasiada elocuencia que quienes no estudian antecedentes,
ni evalúan fortalezas y extenuaciones para aplicar una estrategia precisa, no
sobreviven al error.
¡Y aquel que improvise, y no tenga en la capacitación sistemática la vía para dar pasos seguros, destruye con el alcance de su ignorancia la potencia que une a los que se desvelan por saber, y aplicar sus ideas! Y el otro, aquel limitado a llenarse los bolsillos, a expensas de servirle a su pueblo, e incluso de asfixiarse el alma, se priva de tener el sentido sublime de existir.

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