entre
gente de pueblo que bailaba
y
el ritmo de tu cuerpo me agitaba
con
la salsa cubana, su calibre,
algunos
tomaban ron
nosotros bebimos Cuba Libre.
Nos
conocimos de repente
como
dos niños del parque
que
entrelazan su mirada
la
primera vez mientras juegan
porque
sus sueños navegan
esperando
la madrugada.
Abuelo
que supo de alcohol
mujeres
y carnavales sabrosos
un
dÃa me habló de dichosos
que
pueden librarse del control.
Su
dicho me apareció sin pensarlo
como
aquel juguete de verano
que
al no querer evitarlo
embriagó mi pecho con su mano.
Y
ese olor
sobre
el banco de un parque solitario
cercano
al busto revolucionario
entre
gestos nerviosos, el calor
hizo
que el fuego del Cuba
y
su aliento, con total desenfreno
se
rodara por el deslizadero
dibujado
en su seno.
El
ritmo de la fiesta enloquecÃa,
con
ella los vasos en alto
que
al gentÃo entero enardecÃa
tomando
al mundo por asalto.
Nosotros
cerca, pero en otro lado.
Un
lugar distinto del mismo poblado.
Punto
indescriptible del momento anhelado.
La
magia del parque donde habÃamos llegado.
El
rumbo de la fiesta, su significado.
Esa
larga espera que al final acabó.
PerdÃ
algo que jamás pedÃ
molestando
desde el primer instante
hasta
aquella noche del parque, durante
la
fiesta y el brindis que hicimos los dos.
El
ron y la coca cola
ya
no era la mezcla sola
que
daba a mi Cuba Libre
un
toque único, especial.
HabÃa
más en ese vaso de cristal
humedecido
con la carne de tus labios.
Dije
más en esos desagravios
de
aquel hecho inmortal.
No
sé si antes comprendiste todo.
No
sé si ahora quizás lo consigas
con
la vida a cuestas y la manga al codo.
Tan
solo pido que no te me aflijas
ni
sigas pensando cosas que no son.
Hace
un tiempo ya
aquella
noche de julio no vuelve entre nosotros.
Se
ha ido como el hijo que emigra a parajes remotos.
Desanda
perdida su foto manchada.
La
recuerdo a veces de madrugada
y
sonrÃo en silencio cuidando tu sueño.
En
vela estoy mientras beso el vaso
con
Cuba Libre, al otro extremo de la cama.
Tú
sigues allá, pareces dormida.
Yo
me quedo aquÃ, otra vez despierto.
Nosotros
cerca, pero en otro lado.
Un
lugar distinto del mismo poblado.
Punto
indescriptible del momento anhelado.
La
magia del parque donde habÃamos llegado.
El
rumbo de la fiesta, su significado.
Esa
larga espera que al final acabó.
PerdÃ
algo que jamás pedÃ
molestando
desde el primer instante
hasta
aquella noche del parque, durante
la fiesta y el brindis que hicimos los dos.

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