Tu pequeño cuerpo todavía
parece un sueño que me abraza
entre las paredes de una casa
que se vuelve nada sin ti.
Que se vuelve nada sin ti.

A la fuerza estuve meses solo. 
Meses sentidos como años, 
y con total desengaño descubrí el valor real.  
Y para no sufrir más daño decidí serme leal. 

No es la confusión del silencio 
ni su gozo por verme abatido, sin acción. 
Espera tus risas y retozos. 
Añoré tu carita de pasión.  

Fueron los días sin tus gritos 
que emocionan hasta el alma. 
Me consumió tanta calma 
en este hogar, lo repito. 

A la fuerza tengo que decirlo, mata. 
El que no estés hace un desierto este lugar. 
Vivirlo el desconcierto que remata la esperanza de luchar. 

Duele el camión detenido, 
la pelota, el bolo y tu coche. 
La cama perfectamente tendida 
donde solo dormimos los dos. 
El temor de la partida esa noche, mientras yo te acompaño. 
El recuerdo del susto en el baño. 
El beso en tu frente, y la despedida. 

Tengo que contarlo a la fuerza 
porque si no enloquezco de impotencia. 
Prescindir de tu presencia para prosperar 
refuerza la idea de cambiar el rumbo. 

Y si algo se atraviesa en mi camino 
tendré que quitarlo a la fuerza. 
Y si alguien se entromete en mi destino 
tendré que sacarlo a la fuerza. 

No duden de un padre y su poder 
cuando acortar distancia por sus hijos quiere. 
Desfallecer no es la meta que elijo. 
Tendrían que verme correr. 

Duele el camión detenido, 
la pelota, el bolo y tu coche. 
La cama perfectamente tendida 
donde solo dormimos los dos. 
El temor de la partida esa noche,  mientras yo te acompaño. 
El recuerdo del susto en el baño. 
El beso en tu frente, y la despedida.