La colonización española en Cuba tuvo un profundo impacto económico, político y social, moldeando estructuras y definiendo sus principales actividades durante siglos. La economía pre-independencia se caracterizaba por una combinación de agricultura, comercio y explotación de recursos naturales. Todo bajo el sistema de plantación y esclavitud. Su principal sector era la producción agrícola, fundamentalmente la caña de azúcar y el tabaco. Los españoles establecieron grandes plantaciones azucareras en varias regiones cubanas, como en la Habana y Trinidad. Entre los siglos XVI y XIX, miles de africanos fueron capturados para trabajar en esas plantaciones. Se introdujeron en el país para expandir un sistema esclavista que logró desarrollar la economía de la época. El puerto habanero se convirtió en uno de los principales centros caribeños de trata de esclavos. En ese lugar los africanos eran comprados y vendidos como mercancía. La esclavitud no sólo fue un fuerte componente de la base económica antillana, sino también en el orden cultural, influyendo significativamente en la formación identitaria de Cuba. Su economía pre-independencia prácticamente no tenía comercio con otras naciones. La metrópolis mantenía a toda costa sus privilegios comerciales. Eso le permitió ejercer un enorme control sobre la economía cubana, monopolizando y explotando sus riquezas durante cuatro siglos. Como era de esperar, la colonización también impactó en la flora y fauna cubanas. Emprendieron una basta deforestación y explotación de tierras, que condujeron a la degradación ambiental en ciertas zonas del país.
Toda esa presión
acumulada durante tanto tiempo conllevó a la lucha por nuestra independencia nacional, teniendo las
postrimerías del siglo XIX como unos de sus puntos más álgidos.
Durante este período las fuerzas mambisas pasaron por la Guerra de
Independencia, también conocida como Guerra de los Diez Años (1868-1878), y
luego la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana de 1898. Esta última terminó con
la independencia formal de España. Pero, a la vez Cuba fue sometida a una fuerte
influencia de los Estados Unidos. El Tratado de
París en 1898 concedió al gobierno estadounidense el control del país y otras
colonias españolas, ocupando militarmente a la isla hasta 1902. La Enmienda Platt,
añadida a la constitución de 1901, otorgó al gobierno yanqui el derecho de intervenir militarmente en Cuba cuando lo creyeran necesario. Además,
impusieron bases navales como la de Guantánamo, la
cual todavía hoy ocupa ilegalmente parte de esa oriental provincia. Dicha enmienda limitó
la capacidad cubana para firmar tratados con otros países y comprometió totalmente su soberanía.
Estando ya en la época republicana, que abarcó desde la independencia de España en 1902, hasta la victoria de la Revolución en enero de 1959, nuestra economía continuó dependiendo del azúcar como producto exportable principal. Por más de 55 años, la industria azucarera y la economía cubana casi en su conjunto, estuvo dominada por intereses estadounidenses. Eran ellos quienes controlaban las grandes extensiones de tierra y fábricas. Tal sometimiento exacerbó el poder norteamericano en la isla durante la primera mitad del siglo XX. Específicamente, mediante inversiones, acuerdos comerciales desfavorables y apoyo a regímenes políticos afines con sus planes. Las intervenciones norteamericanas en la crisis del azúcar de 1920, así como el apoyo al régimen de Fulgencio Batista, son algunos ejemplos que confirman esta situación. Grandes empresas estadounidenses controlaban sectores clave para la economía, incluida la agricultura, industria azucarera, minería, electricidad, comunicaciones, la banca y el transporte. Esa sumisión estuvo respaldada con una férrea presencia militar en el país. A pesar de la predominancia azucarera, en esos años también se produjo cierto grado de diversificación económica en Cuba. Fueron creadas nuevas industrias textiles, de tabaco, alimentos y productos químicos. Aunque estos no alcanzaron el mismo nivel de importancia que la primera.
Debe aclararse que el período republicano también estuvo marcado por profundas desigualdades económicas y sociales. La mayor parte de la riqueza y el poder permanecían en manos de una élite terrateniente y empresarial. Mientras, la mayoría del pueblo enfrentaba condiciones de pobreza y marginalización extrema. Tanto la crisis del azúcar en 1920, como la Gran Depresión en la década de 1930 fueron expresiones reales de las tensiones sociales y políticas que vivía el país por aquel entonces. Cada vez era más visible el descontento popular y los movimientos que se oponían a los gobiernos entreguistas y corruptos de turno.
Cuando triunfa la Revolución Cubana, uno de sus pilares económicos esenciales fue la reforma agraria y nacionalizar las empresas privadas. Poderosas compañías estadounidenses, entre ellas de la industria azucarera, fueron expropiadas y sus activos pasaron a ser propiedad del pueblo. Además, se redistribuyeron las tierras entre los campesinos y crearon cooperativas agrícolas. Con la proclamación del carácter socialista de la Revolución, fue adoptado un modelo económico socialista, basado en la planificación centralizada y la propiedad estatal de los medios de producción. Empezaron a formarse empresas estatales en sectores importantes, y se implementó un sistema que buscaba coordinar la producción con la distribución de bienes y servicios. En esa misma etapa, el naciente gobierno estableció una estrecha relación con la Unión Soviética, la cual proporcionó asistencia económica y militar a Cuba. Esa alianza permitió acceder a subsidios directos para cubrir déficits presupuestarios y comerciales, créditos blandos, intercambio de bienes y tecnologías. Aunque, a la vez el país se iba haciendo dependiente de esa ayuda, y vulnerable a posibles cambios futuros en el escenario geopolítico internacional. Cabe destacar que, desde los inicios de la Revolución en el poder, la transformación económica y social cubana fue radical. Se implementaron políticas educacionales y de salud universales. Se promovió como nunca antes la participación popular en la toma de decisiones, se redujo apreciablemente la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, en paralelo iban surgiendo otros desafíos, como falta de incentivos económicos, burocracia y corrupción. Males que se agudizaron con la imposición del bloqueo estadounidense en 1960, el cual se mantiene hasta el presente más endurecido. El bloqueo restringe el acceso cubano al comercio internacional, obstaculiza su desarrollo económico-financiero, provoca diversas y duras crisis por escasez de recursos. Motivo por el que Cuba se vio mucho más afectada con la caída de la Unión Soviética, acontecido a principios de la década de 1990. La desintegración del bloque soviético, perdiendo su apoyo económico y financiero, provocó una profunda crisis económica conocida como "Período Especial".
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