La reforma agraria transformó totalmente la estructura de este sector, y también empoderó a los campesinos, participando activamente en la vida política del país. Ellos se organizaron en movimientos y sindicatos para defender sus derechos e intereses.

Las tensiones generadas con los Estados Unidos después de implantada la Ley de Reforma Agraria, y otras medidas como la nacionalización de empresas norteamericanas generó una ruptura en las relaciones entre ambos países. Esas condiciones influyeron en los acontecimientos que llevaron a que Cuba estableciera vínculos con la Unión Soviética. La URSS vio en el país una oportunidad para expandir sus relaciones en América Latina y contrarrestar la presencia estadounidense en la región. A partir de este momento Cuba y la Unión Soviética firmaron una serie de acuerdos bilaterales en áreas como el comercio, ayuda económica, militar, técnica, la cooperación científica y cultural. Los euroasiáticos proporcionaron préstamos, subsidios y suministros de petróleo, alimentos y armamento. El aumento en las relaciones con la Unión Soviética hizo que Cuba pasara a depender bastante, ahora del apoyo soviético. La economía se volvió dependiente de las importaciones subsidiadas por la URSS, así como de los mercados soviéticos para sus exportaciones de azúcar y otros productos. Con la ayuda de la Unión Soviética, Cuba construyó importantes infraestructuras, incluidas fábricas, carreteras, centrales eléctricas y viviendas. La URSS también proporcionó asistencia técnica y capacitación para el desarrollo de sectores como la industria, la agricultura y la educación. La crisis económica y política en la URSS a fines de la década de 1980, seguida por su disolución en 1991, afecto enormemente a la economía cubana. Al desaparecer la Unión Soviética, Cuba entró en un período de crisis conocido como "Período Especial en Tiempos de Paz". No hubo más apoyo económico ni mercado soviético para que Cuba vendiera sus productos. El país tuvo que enfrentar una grave escasez de alimentos, combustibles, medicinas y otros recursos básicos. Las condiciones de vida empeoraron, aumentando los niveles de pobreza. Muchos cubanos se vieron obligados a buscar formas alternativas de subsistencia.  

Ante la crisis, la isla implementó medidas de emergencia para diversificar la economía y reducir su dependencia de la ayuda externa. Se promovieron reformas en sectores como el turismo, agricultura, biotecnología y las inversiones extranjeras, para estimular el crecimiento económico y la recuperación. Fueron ejecutadas medidas de austeridad y racionamiento para conservar los escasos suministros disponibles. Se redujeron los gastos estatales, racionalizó el consumo de electricidad, apagando diariamente durante horas sectores residenciales e industriales completos. Para hacer frente a la crisis. Además, se crearon zonas especiales de desarrollo económico y flexibilizaron algunas restricciones buscando atraer capital extranjero. A pesar de las dificultades, la población cubana demostró una admirable resistencia y solidaridad durante el Período Especial. Los lazos comunitarios se fortalecieron, promoviendo la cooperación y el apoyo para hacer frente a tales desafíos.

Una de las principales medidas adoptadas consistió en abrir la economía cubana a la inversión extranjera. Se pusieron en funcionamiento leyes y regulaciones que facilitaban la participación de inversores extranjeros en sectores estratégicos como el turismo, la biotecnología y la agricultura. El turismo se convirtió en uno de los motores clave de la economía. Se promovieron inversiones en infraestructura hotelera, restaurantes y servicios turísticos para atraer visitantes extranjeros y diversificar las fuentes de ingresos. Por otro lado, empezó a desarrollarse el sector no estatal. Fue permitida la creación de pequeñas empresas privadas orientadas a la restauración, el transporte, hospedaje y otros servicios. Todo con el objetivo de incentivar la iniciativa empresarial y generar empleos. Se crearon nuevas cooperativas y mercados agropecuarios para estimular la producción agrícola con su correspondiente distribución de alimentos. Fueron otorgadas tierras estatales en usufructo a campesinos y cooperativas para aumentar la eficiencia productiva. Se flexibilizaron algunas regulaciones estatales, facilitando la actividad económica y reduciendo la burocracia. Se simplificaron los procedimientos para obtener licencias, apertura de negocios e importar/exportar bienes y servicios.

Cuba también afronta serios problemas en la producción agrícola para alcanzar la soberanía alimentaria de su pueblo. La escasez de insumos, envejecimiento y emigración de los campesinos por la inadecuada aplicación de políticas que incentiven la producción, entre otros factores, unido a la falta de herramientas, maquinaria, tecnología moderna, mantiene al país dependiente de las importaciones alimentarias. La seguridad en este frente es una preocupación importante. Con las medidas adoptadas se pretende diversificar la base agrícola para reducir dependencias de monocultivos tradicionales como la caña de azúcar y el tabaco. En paralelo, la agricultura urbana intenta emerger como una estrategia necesaria que aumente la disponibilidad de alimentos en las ciudades cubanas. Al respecto, se promueve la creación de huertos urbanos y la agricultura familiar para el autoabastecimiento.

La agricultura cubana también enfrenta desafíos ambientales, como la erosión del suelo, deforestación y pérdida de biodiversidad. Se implementan prácticas agrícolas y programas de conservación ambiental que permitan mitigar estos impactos, promoviendo desde la base un desarrollo agrícola más equilibrado. El país sigue accionando en la cooperación internacional para fortalecer su sector agrícola y alimentario. Se crean alianzas con otras naciones y organizaciones internacionales para intercambiar conocimientos, tecnologías y recursos en áreas como la investigación agrícola, bioseguridad y sanidad vegetal.

Otro sector muy importante para Cuba es el turismo. El mismo tiene una larga historia que se remonta a décadas pasadas. Pero, se expandió significativamente después de la Revolución Cubana, especialmente en la década de 1990, con la apertura al mercado internacional y la diversificación de la oferta turística. La isla es conocida por sus playas de aguas cristalinas, rica cultura, historia fascinante y arquitectura colonial. Destinos como La Habana, Varadero, Trinidad y Santiago de Cuba atraen a millones de turistas anualmente. Además de los atractivos naturales, se han diversificado sus ofertas, la que incluyen actividades como el turismo cultural, de naturaleza, de salud y bienestar, el turismo de eventos y convenciones, entre otros. La industria turística desempeña un papel fundamental en la economía cubana, siendo actualmente una de sus principales fuentes de divisas extranjeras y empleo. Contribuye significativamente al Producto Interno Bruto (PIB) y a la generación de ingresos. Para atender la creciente demanda turística, la cual se mantuvo hasta la pandemia de COVID-19, Cuba ha desarrollado una sólida infraestructura que incluye hoteles, resorts, restaurantes, aeropuertos, puertos y servicios turísticos de alta calidad. El sector ha tenido importantes inversiones extranjeras, con participación de cadenas hoteleras internacionales y empresas de servicios. Aunque su potencial económico ha demostrado fuerza en otros momentos, en el presente enfrenta desafíos entre los que destacan la competencia internacional, dependencia de ciertos mercados emisores, necesidad de seguir mejorando la calidad en sus servicios, y la sostenibilidad ambiental. Para ello, el país lleva adelante campañas de promoción y marketing internacionales, con el objetivo de posicionar el destino y atraer nuevos segmentos de turistas. Se han establecido alianzas con agencias de viajes, líneas aéreas y tour operadores para aumentar la visibilidad y llegada de vacacionistas extranjeros. Los trabajadores de este sector continúan trabajando para que el turismo recobre el peso que tiene en la economía.

A pesar de los esfuerzos realizados, Cuba enfrenta desafíos significativos en su proceso de desarrollo económico. La resistencia al cambio, burocracia, falta de infraestructura, escasez de financiamiento, restricciones e ineficiencias internas en la aplicación de políticas como el reordenamiento económico-financiero, son obstáculos que obstaculizan la implementación efectiva de las medidas. Todo eso agudizado con el bloqueo norteamericano que se mantiene por más de sesenta años. Las medidas económicas siguen en curso y deben prolongarse en los próximos años. El país se enfrenta al desafío de encontrar un equilibrio entre apertura económica y preservación de su sistema político y social, así como de garantizar que los beneficios del desarrollo obtenido sean equitativamente distribuidos entre toda la población.