Cuba depende de la importación de bienes y tecnologías básicas, lo que repercute significativamente en su capacidad para alcanzar autosuficiencia y sostenibilidad económica. Se importa una gran cantidad de alimentos como arroz, frijoles, carne, y productos lácteos, debido a la insuficiente producción para satisfacer su demanda interna. Aunque el país cuenta con una larga tradición agrícola, este campo continúa enfrentando serias dificultades para aumentar producciones y modernizarse por limitaciones de recursos, tecnologías, recursos humanos y sistemas de gestión. La importación mayoritaria de alimentos nos expone a fluctuaciones de precios internacionales y riesgos de interrupción en el suministro, afectando la seguridad alimentaria del pueblo. También se importa una enorme cantidad de petróleo y productos petrolíferos para satisfacer necesidades energéticas, puesto que la producción nacional del crudo es limitada. Depender demasiado de las importaciones energéticas afecta la balanza comercial y estabilidad económica del país. Especialmente cuando los precios del petróleo varían en el mercado internacional. Aunque la nación hace ingentes esfuerzos para diversificar su matriz energética e incorporar fuentes renovables, como la energía solar y eólica, la dependencia del combustible importado sigue siendo elevada.

Cuba depende de la importación de tecnología, equipos y maquinaria para modernizar sus sectores productivos, especialmente en la industria, agricultura y salud. El insuficiente acceso a tecnologías modernas y vínculos con proveedores extranjeros dificulta la innovación y el desarrollo tecnológico. A pesar de que el gobierno cubano promueve la investigación y el desarrollo científico-técnico, la capacidad tecnológica nacional sigue siendo limitada.

Como es lógico, es escaso capital es un factor crítico de cara al desarrollo económico e inversión en infraestructura en todos los ámbitos. Las posibilidades gubernamentales para invertir en infraestructura física y social, como carreteras, puertos, aeropuertos, sistemas de transporte, energía y telecomunicaciones son reducidas actualmente. Al mismo tiempo, todo esto atenta contra el crecimiento, productividad y competitividad de las empresas cubanas, así como el acceso del pueblo a servicios básicos como electricidad y agua potable. No poder implementar un adecuado plan de inversión en infraestructura limita las oportunidades de empleo en sectores como el turismo, agricultura, manufactura y los servicios. Una infraestructura inadecuada puede desalentar la inversión extranjera directa (IED) y dificulta la integración de Cuba en la economía global, para competir en el mercado internacional.

La descapitalización dificulta obtener préstamos y financiamiento tanto para todos los actores económicos. En consecuencia, las altas tasas de interés y condiciones restrictivas de los préstamos pueden desincentivar la inversión y desarrollo empresarial.

Como reflejo de lo anterior se muestra el deterioro de carreteras y viales, el estado deficitario del entorno habitacional y el bajo otorgamiento de nuevas viviendas, deficiencias en los servicios públicos, repercutiendo en la calidad de vida de las personas y la eficiencia empresarial, además de la obsolescencia en la infraestructura existente, aumentando los costos de mantenimiento y operación a largo plazo.

La ineficiencia productiva es otra cuestión que debe analizarse en función de proponer e implementar un grupo de soluciones, para mejorar la calidad en la producción de bienes y servicios tanto a nivel nacional como internacional. A continuación, se analizan detalladamente algunas causas de esta ineficiencia y su impacto en la economía. Partimos de la insuficiente inversión en tecnología y modernización de equipos y procesos productivos, lo cual vuelve obsoleta la maquinaria existente, así como la adopción de prácticas modernas. Otro punto a resaltar en la baja productividad laboral en algunos sectores provocadas entre otros factores para la falta de incentivos, motivación y capacidad adquisitiva de los salarios. La rigidez que todavía tiene una parte considerable de la economía, caracterizado por una alta intervención estatal y control centralizado de la producción, conlleva a la burocracia y procesos ineficientes. No están creadas las condiciones para adaptarse a cambios en la demanda del mercado y responder ágilmente a las condiciones económicas imperantes. Las limitaciones para acceder a insumos y materias primas, sobre todo por el bloqueo estadounidense y las restricciones comerciales internacionales, también es un elemento de mucho peso para que las empresas cubanas no operen en varios casos de manera eficiente.

Bajo esta condiciones las empresa nacionales enfrentan mayores costos de producción y precios menos competitivos en el mercado internacional. Esta insuficiente competitividad obstaculiza que las empresas exporten sus productos y accedan a nuevos mercados, lo que a su vez afecta el crecimiento económico y la generación de empleos.

En resumen, la ineficiencia productiva es un problema multifacético que afecta la competitividad y el desarrollo económico de Cuba. Es fundamental impulsar la inversión en tecnologías, mejorar la productividad laboral, promover la flexibilidad e innovación en el sistema económico, así como buscar estrategias para garantizar un acceso más eficiente a los insumos y materias primas necesarios para la producción.