La nación cubana afronta una serie de problemáticas medioambientales que afectan la sostenibilidad de su modelo económico. Especialmente en la agricultura, la industria y el turismo. Entre las cuestiones más importantes están que, el uso incrementado de agroquímicos ha contaminado zonas considerables de tierras y agua, provocando pérdida de biodiversidad. Expandir la agricultura deforesta en cierta medida y genera la pérdida de hábitat, poniendo en riesgos los ecosistémicos. Las prácticas agrícolas no sostenibles, como el monocultivo y el uso intensivo de maquinaria pesada, aumenta la erosión del suelo y pérdida de fertilidad.

El sector industrial cubano también tiene desafíos en términos de sostenibilidad ambiental. Las industrias manufactureras y de procesamiento pueden ser fuentes importantes de contaminación atmosférica, emitiendo gases y partículas que enrarecen el clima y la calidad del aire. La gestión inadecuada de residuos industriales contamina el suelo y el agua, afectando la salud humana y el medio ambiente. El alto consumo energético en la industria la hace depender de combustibles fósiles, incrementando los gases de efecto invernadero.

El turismo, si bien es una importante fuente de ingresos para el país, también presenta desafíos ambientales. La construcción de infraestructuras turísticas en zonas costeras puede provocar la degradación de los ecosistemas costeros y pérdida de biodiversidad marina. El turismo altera la demanda de recursos naturales, como agua y energía, poniendo una presión adicional sobre los ecosistemas locales. El aumento de turistas en zonas específicas puede traer una mayor generación de residuos y contaminación, sobre todo en áreas con infraestructuras insuficientes para gestionar adecuadamente los desechos.

Para abordar estos desafíos y promover la sostenibilidad del modelo económico cubano, se requieren estrategias integrales y acciones coordinadas. Sobresalen entre ellas, seguir realizando prácticas agrícolas sostenibles, como la agricultura orgánica, rotación de cultivos y agroecología, reduciéndose así la dependencia de agroquímicos, además de mejorar la salud del suelo y el agua. Deben adoptarse, en la medida de las posibilidades, más tecnologías limpias y procesos industriales eficientes, buscando reducir emisiones contaminantes y el consumo de recursos naturales. Es necesario desarrollar nuevos planes de desarrollo turístico que protejan los ecosistemas sensibles y promuevan prácticas turísticas responsables, como la gestión de residuos, conservación del patrimonio cultural y natural. Hay que potenciar la educación ambiental sobre la importancia de conservar el medio ambiente en todas las áreas sociales.

Trabajar para erradicar los desafíos anteriores pasa por reconocer la necesidad de ejecutar medidas estructurales que transforme el estado actual de las cosas. Se busca un crecimiento económico sostenible y equitativo. Cuba enfrenta una fuerte dependencia de la importación de bienes básicos y tecnologías, haciéndola más vulnerable a los cambios que se produzcan en los mercados internacionales y a las fluctuaciones económicas globales. Insuficientes incentivos económicos y excesiva gestión centralizada son parte de la ineficiencia y baja productividad en varios sectores económicos.

Para desarrollar la economía deben seguir participando activamente todos sus actores. Esto implica cambiar políticas desfasadas o ineficientes, eliminar trabas burocráticas, simplificación en los procesos de licencias y promover más beneficios para la inversión extranjera. Por otros lado, el sector estatal requiere una profunda modernización para aumentar su eficiencia y competitividad. Deben introducirse nuevos incentivos materiales y morales, descentralizándose la toma de decisiones, mejorar la autonomía y gestión empresarial.

Se deben reimpulsar sistemáticamente las políticas que fomenten la innovación, investigación y desarrollo tecnológico. Por ejemplo, con la creación de nuevos parques tecnológicos, el apoyo a startups y la colaboración. Cuba debe adoptar un enfoque integral del desarrollo sostenible que integre consideraciones económicas, sociales y ambientales en todas las políticas y decisiones económicas. Esto implica promover prácticas agrícolas sostenibles, gestión eficiente de sus recursos naturales, así como la protección del medio ambiente.