En los últimos años las políticas neoliberales de corte radical se han extendido por diferentes partes del mundo, alcanzando su mayor expresión en Argentina con la figura del economista y político Javier Milei. A través de sus declaraciones y propuestas, se evidencia una clara intención de desmantelar el aparato estatal para entregar su lugar a los mercados, un proceso que, bajo la premisa de garantizar la vida, libertad y propiedad privada, se traduce en una creciente desigualdad y represión social.

 

El concepto de desmantelar el Estado y entregarles todo el poder a los mercados se ha hecho más explícito desde que Javier Milei asumió la presidencia el 10 de diciembre del 2023. Su agenda económica y política se basa en la creencia de que el “mercado libre” es la única solución para resolver los problemas del país, como la inflación, el desempleo y la pobreza. Sin embargo, esta visión está impregnada de un enfoque extremadamente liberal que reduce el rol del Estado a una mínima expresión. El sueño de muchos neoliberales es que los mercados se autorregulen, eliminando cualquier tipo de intervención estatal, bajo la premisa de que esto generará una mayor prosperidad para todos. No obstante, la realidad ha sido muy distinta.

El primer ejemplo de este proceso fue la eliminación de subsidios a sectores clave de la economía, como la energía y el transporte público. Esta medida, justificada como un paso hacia la "sostenibilidad fiscal", ha tenido efectos devastadores en los sectores más vulnerables de la población. En lugar de mejorar la situación económica del país, dichas políticas han incrementado el costo de vida, afectando sobre todo a los trabajadores y las clases medias, mientras que los grandes grupos económicos, a quienes se les siguen garantizando beneficios, siguen acumulando riqueza.

Además, la promesa de "menos Estado" también se refleja en la privatización de servicios y empresas estratégicas, lo que perpetúa un modelo económico que prioriza el lucro de unas pocas corporaciones en detrimento del bienestar general. Este enfoque neoliberal ha llevado a una creciente precarización del trabajo, con la expansión de empleos informales y la caída de los ingresos reales para la mayoría de los argentinos, contradiciendo así la idea de que el mercado genera equidad y justicia social.

El otro pilar en el que Milei se apoya es la defensa de la "libertad", un concepto que, en su discurso, se entrelaza con la defensa de la propiedad privada y la menor intervención estatal. Sin embargo, la libertad de los individuos está siendo coartada de diversas maneras. Uno de los mecanismos más preocupantes es el uso de las fuerzas de seguridad para silenciar cualquier forma de oposición política. La represión a los movimientos sociales, los grupos de izquierda y los sindicatos se ha incrementado con el aval del gobierno, bajo el argumento de que se debe "garantizar el orden" y "el respeto a la ley".

La criminalización de la protesta, junto con el hostigamiento a periodistas y medios de comunicación críticos, pone de manifiesto cómo el gobierno de Milei ha convertido la libertad en un concepto elitista, accesible solo para aquellos que comparten su visión económica. Así, el acceso a los derechos básicos, como la salud, educación o la justicia, se vuelve cada vez más limitado para las clases bajas, quienes, a pesar de tener la "libertad" teórica, carecen de los medios para disfrutar de ella.

Un ejemplo claro de esta represión se dio en las masivas protestas contra la reforma jubilatoria y la precarización laboral, donde se registraron incidentes violentos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, mientras que el discurso oficial seguía insistiendo en que cualquier forma de resistencia era un obstáculo para el progreso. A esta represión se suma el ataque constante al periodismo independiente, cuyos periodistas se enfrentan a amenazas de cárcel o, en el mejor de los casos, al desdén público por parte de las autoridades.

El modelo económico de Milei ha llevado, en la práctica, a un incremento exponencial de la concentración de la propiedad privada. Los índices de desigualdad, medidos a través del índice de Gini y otros indicadores socioeconómicos, muestran una creciente polarización social, donde una pequeña élite se beneficia de las políticas públicas diseñadas para favorecer a los grandes capitales, mientras que las grandes mayorías ven empeorar sus condiciones de vida.

Un caso emblemático es el de los grandes grupos agroexportadores, que continúan gozando de exenciones fiscales y subsidios, mientras que los trabajadores rurales, enfrentan una precarización extrema. Este modelo de concentración de riqueza y poder es, sin duda, un ejemplo de la plutocracia en la que se ha convertido el país, donde las decisiones políticas parecen estar dirigidas exclusivamente por y para los ricos, con un total desinterés por el bienestar de las clases más desfavorecidas.

Sin dudas, uno de los aspectos más alarmantes del proyecto neoliberal de Milei es su planteamiento de que las "fuerzas del mercado" serán las encargadas de resolver la pobreza y las desigualdades sociales. Este enfoque, conocido como "darwinismo social", sostiene que el mercado, por su propia naturaleza, acabará con los problemas de los más pobres al obligarlos a competir en igualdad de condiciones. Sin embargo, lo que realmente ocurre es que los más desfavorecidos quedan excluidos de las oportunidades que ofrece el mercado, mientras que la brecha entre ricos y pobres se sigue ampliando peligrosamente.

La “eutanasia de los pobres” es la muerte social que sufren aquellos que, por no tener los recursos para competir en el mercado, ven cómo sus oportunidades de acceder a un empleo digno, a una vivienda o a un servicio de salud de calidad se reducen drásticamente. Las políticas de ajuste fiscal y los recortes de programas sociales han dejado a millones de personas en la más absoluta marginalidad, con un horizonte incierto y cada vez más sombrío.

 

El gobierno de Javier Milei, bajo la excusa de liberar a la economía de las restricciones del Estado, está llevando al país hacia una distopía donde la democracia se ha transformado en una plutocracia total. En este nuevo orden, la libertad, la propiedad y la vida prometidas por el gobierno no son más que un espejismo para quienes, como los sectores más vulnerables, no pueden acceder a ellas. Protestar, reprimir, concentrar la riqueza y el ataque a la prensa crítica son algunos de los elementos que ilustran cómo las ideas neoliberales se están materializando en una realidad cada vez más opresiva para la mayoría de la población.

El grito de: "¡me importa un carajo!" de Milei, una expresión del desprecio hacia aquellos que se oponen a su agenda, sintetiza la indiferencia de un gobierno que gobierna exclusivamente para los poderosos, mientras la mayoría sufre las consecuencias de un sistema que favorece a unos pocos. La distopía de los mercados libres, tal como la imaginan los neoliberales, está tomando forma dramáticamente en Argentina, sin dudas con efectos devastadores para los más vulnerables, y con el riesgo de que, en el futuro cercano, este modelo podría extenderse a otras partes del mundo.