Bajo el manto de cielos desbordados
el polvo resiste los embates del viento
y entre escombros de gritos alados
se alzan los brazos del movimiento.

Los sirios disparan a lo profundo
de vidas quebradas, de amores perdidos.
La luna testigo del fin del mundo
guarda en sus ojos los sueños torcidos.

En Damasco todavía es temprano
para el cambio que empuja entre ruinas.
El fuego cruzado, quizá más profano,
resuena en la mirada de las esquinas.

Y mientras el caos de guerra entristece
el alma del pueblo aclama, se estremece.