El colchón sigue manchado a pesar
del tiempo. El tiempo que se lo lleva todo y deja manchas grises -como las
de mi abuela-. Sombras que se van desgastando o desapareciendo, pero no
terminan de quitarse -como los pensamientos-.
A veces veo aquel colchón y percibo
que hay algo más, aunque en realidad está vacÃo y me derrumbo sobre él.
Son los recuerdos que me empujan, yo
vuelvo a caerme y siento un ligero calor. Recuerdos y añoranzas por una vida que se fue.
Abuela está, pero no es ella. Es un cuerpo consumido, encorvado y sin palabras.
Extraño su sonrisa y la pasión por las plantas. El sabor de su café. Los gritos
a la hora buena.
El colchón sigue manchado, el
tiempo pasa, y ya no puedo hacer nada para que mi abuela regrese.
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