El lugar donde la encontraron presagiaba lo que pudo ocurrir. Aún tenía el cordón umbilical ligado a la placenta. Era como si de alguna forma se mantuviera conectada a la vida. No quería irse. Algunos comentaron en las redes sociales que la salvó un hombre. Otros que fue una mujer.

Lo cierto es que a pesar de los pesares la bebé está bien. Se encuentra en la sala de neonatología del hospital «América Arias», conocido popularmente como «Maternidad de Línea».
Antes había llegado al Policlínico «13 de marzo» de Alamar. Iba casi sin ropas y con la placenta envuelta en una jaba de nylon. Allí le dieron los primeros auxilios. Una enfermera la arrapó con sábanas. Mientras lo hacía, sus ojos se humedecieron sobre aquel ángel indefenso. Quizá intentaba responderse quién concibió algo semejante. Tal vez estaba sorprendida. Buscaba, estoy seguro, los motivos que pudieran obligar a una mujer a desprenderse de su ser más preciado: un hijo. Quería entender.
En tanto la estomatóloga de guardia, una joven madre todavía lactante, sin pensarlo dos veces cargó a la niña y le dio uno de sus senos para amamantarla. Sentía como le succionaba, y a la vez ella mostraba una sonrisa de satisfacción. No podía ser para menos.
A propósito, en uno de los videos que circulan por internet se ve la alegría del personal que la atendió. Incluso entre ajetreos, fotos y gestos de júbilo, hay un instante donde se escucha a la enfermera decir: – ¡Lúchala para que te quedes con ella! ¡Lúchala…, que tú la recogiste! -Refirió sentándose en la cama-.
En tan sólo horas una recién nacida había vuelto a nacer. Lo hizo irónicamente frente a la funeraria de la Zona 10 en Alamar. El lugar donde la halló uno de los tantos seres humanos que habitan este país. Resalto esa palabra: humanos, para que reflexionemos en su significado.
Lía -nombre que le pusieron a la niña-, se sobrepone a los obstáculos, a la politización sin pudor, y los criterios sádicos de quienes intentan tergiversar los hechos como en realidad sucedieron.