Llegamos a un nuevo año, y el camino sigue. Mientras tanto me detengo para agradecer. Dar las gracias por estar vivo, saludable y en familia. "Sobre todo salud", dicen algunas personas asistidas por la sabiduría popular. "Lo demás viene después", comentan entre sonrisas, saludos y añoranzas. Pensamientos marcados por distancias, el nacimiento reciente, un sueño indefinido. Se trata de eso en especial: ¡vivir! Captar las esencias de cada día repetido trescientos sesenta y cinco veces; hasta el diciembre siguiente, con su treinta y uno y la cena familiar.

Pasar la página y comenzar otra vez. Los primeros pasos de planes futuros. Promesas al santo, el agua lanzada en el portal, la maleta paseando por el barrio, el avioncito de papel en el árbol de Navidad. Papá Noel con su saco de sorpresas. Él es como la vida, Papá Noel. Ella nos traerá muchas sorpresas vestidas de instantes alegres o lágrimas comprimidas. Porque el año que nace es así, como el que pasó. Quizás mejor. Tal vez.

Yo mientras tanto reanudo mi andar, que es el de los míos y el de todos los cubanos. Si al final somos lo mismo. Lo hago con ganas y optimismo. Pretendo emplear mis horas, es decir, mis años con la mayor intensidad posible. Ponerle manana a los días. "¡Felicidades familia!" Gritó un vecino casi cuando terminaba estas ideas. "Gracias", le respondimos a coro, unidos, todo un privilegio.
No hay más na'.
¡Feliz 2020!