No se trata de decir palabras bonitas o de hablar para comprar elogios. Pretendo encontrarme, acercarte cuanto pueda hasta mí, no dejarme matar. Y eso, tan sólo se logra con el arte de los sentimientos. «La vida es muy grande para ser insignificante», sentenció un comediante famoso.
Sin embargo, no pocos piensan que escribir, manifestar tus inquietudes o no pasar inadvertido, es el pasaporte hacia perder el tiempo. Un viaje de ilusiones que no ensanchan los bolsillos. Llevan razón en lo que dicen. Sí, más o menos. Así comentaba mi abuelo con su sexto grado de escolaridad: «llevan», en vez de «tienen». Sabía mucho Mané con sus ocurrencias. Si no hubiera sucedido aquella desgracia…

No se hizo ingeniero como los hijos, pero construyó una familia con sus tijeras. Un verdadero arte: el de crear y convivir en familia. (El relato de los corazones abandonados a un lado de la frontera, y del otro las personas sin ellos, diciendo adiós, ratifica lo que digo. O la pintura del encierro, en una celda, tras un crimen. O la película de las incomprensiones y los rompimientos, contrastan con el arte de una familia unida.) El defecto de Mané era el ron, aunque eso no le impidió ser un abuelo genial. Vivió con poco, pero lo tuvo todo. Él es mi primer paradigma. El primero de varios. Cada quien tiene los suyos con sus defectos. Nadie crea ni por un instante en la perfección.
Mejor sigo por donde iba. Tendré otros momentos para recordar a mi abuelo, y hacer que su memoria permanezca entre nosotros, aunque mi billetera no se abulte.
La razón de no hacer lo que te mueve por dentro, para entregarte a lo que te sostiene afuera, es un instinto de supervivencia. Un principio filosófico: «el hombre piensa como vive». Esta es la esencia para entender por qué la vida se convierte en una trampa con lanzas de decepciones, y guillotinas de cansancio. El caudal de problemas que aparecen, lo inundan todo a su paso. Por tanto, si no nadas como puedes, corres el riesgo de «ahogarte». Tienes el agua hasta el cuello. Y no hay oxígeno suficiente para invertir el principio: intentar vivir como piensas. Ser más consecuente contigo mismo y enfrentarte a las presiones. El arte de salvar las esencias implica sacrificios…
Escribo en Facebook y tengo un blog para no traicionarme la conciencia. También hablo en la radio, aunque el salario sea insuficiente. Es un privilegio reservado para unos pocos, hacer coincidir deseo y deber. Lucho para no convertirme en un Conejillo de Indias dentro de una rueda. Una de esas que dan vueltas, mas no avanzas. Un pasatiempo retorcido.
Si no haces de la vida una obra de arte, jamás saldrás de la rueda, a no ser muerto. Y aun así estarás dentro todavía.