Quizá
alguna vez tengas que arreglártelas a solas con tu bebé. Mamá tuvo que salir.
La hermana en la escuela, o está haciendo la tarea, o juega con una prima. En
fin, eres tú contra la casa y una criatura que, tan sólo con un ligero gemido
tiene el poder de lograr más que un adulto con un discurso presidencial.
Esta
es una especie de catarsis para liberar tensiones. Tal vez un aviso para los
padres primerizos. O para los que no han tenido “la dicha” todavÃa de
convertirse en ¡papás! A ellos les aconsejo algo: no pierdan la calma.
Solamente eso. Cuando un
pequeñÃn empape sus pantalones, no pierdan la calma. Cuando se quemen las manos
intentando sacar un biberón de leche del “baño de MarÃa”, no pierdan la calma.
Cuando la “sirena” no se calla, ni siquiera con el teto, y demanda toda, ¡toda
tu atención!, no pierdan la calma. Mejor debiera decirles: ¡griten! SÃ, asÃ
como lo leen. Háganlo de una vez, donde el niño no los vea, y los sienta lo menos
posible. Luego, respiren hondo y enfoquen sus fuerzas en cumplir la tarea.
Busquen el placer de hacer algo semejante. No se cansen de buscar. Persistan.
Yo lo encontré. Supe de la dicha que tiene hacer casi todo con una mano. En el
otro brazo, como deben imaginar, está Samuel.

Él es muy
apegado a mÃ. Digo esto porque en cuanto lo pongo en el coche, la cama, la
cuna, o donde sea sin mÃ, rompe a llorar. Si está dormido, estira sus piernas,
se le escapa un gas, y abre los ojos. Y al segundo, la sinfonÃa de su guamo. Un
“melódico chillido” que exige mi presencia. Samuel me quiere demasiado. Va
sobre mi pecho a cualquier lugar. Ahà toma su leche, sonrÃe dormido, gorjea,
¡pero ahÃ! Incluso, hoy practiqué la habilidad de cepillarme los dientes con él
arriba. Fue todo un suceso. Una prueba de destreza. Mirar al espejo con una
cabecita peluda cerca de mis dientes. Y las acrobacias para escupir la pasta
primero, y enjuagarme la boca después. Tuve que contárselo a la madre. Ella me
soltó una carcajada cuando supo los detalles en su ausencia. Yo no lo vi
gracioso en realidad. Fue como si me restregara en la cara que nosotros, los
hombres, no podemos cuidar a un bebé sin su madre… Creo que en mi caso ella
tiene razón.
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