Eso
que dicen por ahÃ: lo del mono y su chifladera, lo estoy sintiendo ahora. Es
decir, desde ayer. Hace dos dÃas que el calor se ha vuelto un privilegio. Me
refiero al del sol. Hay otros ardores, tal vez más intensos, que se pierden a
diario, y encontrarlo es una aventura. Con algunos ocurre lo contrario. Además,
el aire hace que la percepción del congelador sea mayor. Como me sucedió encima
de la moto. Anduve con la cara congelada, y las manos medio tiesas. A pesar de
los guantes y el casco.
Es demasiado
para un cubano acostumbrado al sudor de la calle y el roce de la gente. Debe
ser complicado para uno de nosotros vivir aislados, en el norte donde todo es
gris, incluso las relaciones. El frÃo hace que las puertas y las ventanas se
cierren. Los dedos se engarrotan y los músculos se tensan. Aparece entonces el
dolor. El corazón también es un músculo.
Estos dÃas con
sus chiflidos nos obligan a prescindir de algunas costumbres: conversar en el
portal, visitar a la vecina, o trasnochar en el parque, conectados con la
novia, o con la WIFI, que ya por estos tiempos es una compañera más. Quizás la
principal. En fin, no va conmigo tanto hielo de por medio, ni cielos
encapotados. Se me enfrÃa la sangre. Y no me gusta este ruido del mono. Chifla
demasiado.

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