Siete y cuarenta de la noche. Paula, después de muchos disfraces, decide sentarse a la mesa. Nosotros ya habíamos empezado. Ella se arregla los moños, finge toser, y estira su sábana. La lleva puesta en forma de capa. Luego, eleva el cetro –su cuchara-, y exclama con aires de realeza: ¡ay, ahora si podré almorzar en paz!