Cuando me
siento frente a él la sensación es distinta. Cada noche una experiencia única.
El espacio donde la realidad se trastoca y percepción se expande en busca del
horizonte. Y cómo él, nunca sabré donde termino, pero si donde puedo empezar.
Comienzo dentro de mà y estás ganas que me empujan a hacer más, a enfrentar los
miedos y evadir las dudas.
"Tu si
puedes", me repito en silencio. "No escuches lo malo", murmuro.
"Busca dentro de ti", intento concentrarme. Aún con las manos frÃas y
la respiración sin frenos.
"Ahà está
el secreto", me convenzo. Entonces, con las primeras palabras inicia la
acción. Asà a cada instante. Tenso todavÃa por el fantasma del ridÃculo y la
multitud que te siente a través de tu garganta. Tener la capacidad de
transmitir desde un lugar confinado, acolchonado por los efectos, solos él y
tú, frente a frente, parece fácil pero no lo es. Con ello queda servida la
escena para el qué dirán. Que importa si fuiste bueno cien veces cuando te
equivocas una. Si tartamudeas por temor o te falta el aire. Debes respirar.
Hacer de ti la forma precisa para salirle al paso a lo que venga. De lo
contrario puedes quedar en la boca de muchos; o peor, en el olvido. Él depende
de ti. No es más que el vehÃculo por donde quieres liberarte. Como la
escritura.
En el proceso
transpiras, en ocasiones sudo. Depende de la habitación y su hermeticidad.
También del ahorro y quien esté a cargo del lugar. Después improvisas, aprendes
a leer entre lÃneas y a primera vista. Muchas cosas suceden a "primera
vista", aunque no las vemos, nos equivocamos al juzgar, o simulamos que
nunca existieron. Aquà es similar. Depende del objetivo que persigas y lo
sincero que seas. Alguien dijo una vez que no se locuta bien sino con el alma.
La melodÃa, el ritmo y la cadencia importan. Pero sin el hormigueo en la
barriga y el zapateo del pecho no es igual. No alcanzas la complicidad del que
te escucha, ni la atención de quien te ve gracias a él. Juntos los dos: el
micrófono y yo.


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