¿Quién no ha vivido una? Uno donde resurgen emociones, como la chispa del recuerdo por la foto empolvada. Tal vez has tenido varias, de un tipo u otro: una temporal o eterna. Uno dentro de este mundo, quizás fuera de él. Porque esto no termina aquí. Eso dicen, que hay otro camino después del ataúd. Y si fuiste bueno tendrás bendiciones. Y si fuiste malo, también. Allá no se mira por el orificio del pasado, sino por la ventana del mañana. No hay distinciones, ni etiquetas o discriminaciones.

Discriminar es un término sin sentido allá. Entendieron que cuando lo dices no transmites nada humano para ti. Y ellos borraron de su cielo lo que en esta tierra te afecta. Para no pasar por lo mismo y morir desde el primer instante. Allá son inteligentes. Deben serlo cuando reciben a todos los que de aquí partieron. Cada día son más los del adiós. No hay ser que no haya tenido uno. Por eso empecé diciendo: ¿quién no ha vivido una? Y fíjate como ha cambiado la vocal desde la primera oración: «una» y «uno». Allá significan lo mismo adiós y despedida, blancos y negras, flores y gatos. No se segrega a las personas en nombre de la igualdad.
Hablaba de la partida, de esa señal con la mano abierta y los sentidos cegados. Con lágrimas que humedecen al cerebro, ya sea por angustia, o por euforia. La encomienda «a Dios» para que cuide de él. Eso es el adiós, esta despedida. ¿Quién no ha vivido una?