De “buenas publicaciones” se actualiza el perfil del diablo. Ese podría ser el reajuste del refrán: “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Claro, una renovación basada en internet con sus redes sociales. Una más sutil y, por lo tanto, efectiva. Allí te puedes encontrar lo inesperado: profanadores de esencias en nombre de la paz, títeres disfrazados con atuendos de libertad, o las cadenetas de añoranzas. Basta colgar un criterio para que broten puntos de vistas. Benévolos o hirientes. Como rosas o espinas. Eso sí tienen estos parques virtuales, sótanos de bits o impresiones de “me gusta” –likes-, para estar a tono con la moda.

La gente aprovecha las ciber-relaciones para sincerarse. Eso parece. En ocasiones más que en la realidad. Es pesada la mirada si no se habla con el alma. Facebook, Twitter o Youtube, te exoneran de cargarla. Te ocultan tras la pared de una pantalla, y puedes gritar en silencio, sin demasiada inquisición. Ellas se convierten en malos entendidos si no ves más allá de tus sombras. Se utiliza para eso y mucho más. Pero, incuestionablemente también sirve para unir, encontrar alternativas, ser escuchado y leído. Como haces tú en este instante: puedes entender estas ideas a través de mis palabras. Podemos comunicarnos, quizás sin siquiera conocernos, converger en puntos comunes, trazar estrategias de mañana.

De “buenas publicaciones” se actualiza el perfil del diablo. Mas, de ¡perfiles inteligentes! se forman redes de dignidad.