Otras
veces he escrito sobre mi hija y su pasiĂ³n. Una de ellas. Esa especie de molde donde se forma la persona.
Los pensamientos pueden reflejarse en palabras, y estas convertirse en hechos. O
mueren durante el parto. Salen huecas, sin fe. Con ellas sucede asĂ. EstĂ¡n las
frases encendidas y las acciones que matan. También ocurre lo contrario.
Por
eso encuentro la forma para escuchar a Isa, y elevarme hasta su mundo, visitar
su espacio.
Los
padres no debemos alejarnos de nuestros hijos: los de sangre o convicciĂ³n. Y no
hablo de distancias fĂsicas, sino mentales. Causan un daño superior. No es solo
la adolescencia esa etapa de efervescencia y transformaciones en la vida.
Empieza en la niñez, con sus rĂ¡fagas de preguntas y la imaginaciĂ³n obesa. Tanta
que, si no la entiendes, terminas mutilando. Las MatemĂ¡ticas y la Lengua
Española son una parte en esta ecuaciĂ³n. Un complemento. No puedes calcularle a
un niño esa pregunta sobre adĂ³nde va uno cuando muere, o describirle con
exactitud quĂ© le reserva el futuro. A no ser que uses ¡la imaginaciĂ³n! Esa
cualidad con la que todos nacemos y despuĂ©s se envilece. Ese vĂnculo
apasionante de Isa: la escuela, deberĂa pertrecharnos de imaginaciĂ³n. PodrĂa
ser la cura a tanto sinsentido.

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