Intentaré definir lo que quiero hacer contigo. Tal vez la palabra «hacer» sugiera manipulación. No sé, es lo que siento de repente. Pero, en todo caso, no es así. Sólo esboza una forma de decir para involucrarte en mis ideas. ¿Quieres ser parte de ellas? Asumo un sí. No puedo esperar nada menos.
Todos debemos formar parte de algo, en ocasiones involuntariamente. Cuando eres consciente, lo haces por amor, o por dinero, o por convicción. Hay muchos motivos para implicarte en una causa. La mía es hacerte entender, transmitirte mis visiones con experiencias de vida, no dejarte escapar con mis textos y sus ideas. Cuando lees lo que hago es una forma sincera de hacer por ti. Nada es absoluto o categórico. Por eso el éxito de Einstein con su «Teoría de la Relatividad». 

Todo en este universo pasa por el cristal de la percepción, de la relatividad. Y tu verde se convierte en mi amarillo, o tal vez tus sueños serán mis tormentos. De ahí la trascendencia de un vocablo: «comunicar». Hacernos entender, y llevarte por un cause donde no te sientas forzado. Vale mucho la empatía, la forma de decir, el hacer con trasparencia. Precisamente, eso es también lo que quiero hacer contigo: invitarte a lo que soy. Que descubras con mis pasajes nuevas formas de andar. Y, sobre todo, pretendo hacer de ti un caminante perenne. Uno que no detenga su marcha, ni aún después de muerto. «Se hace camino al andar», sentenció un cantante famoso. Yo deseo algo parecido para ti: que andes por el sendero que fundes. La esencia está ahí, en darte cuenta que este presente ya empieza a ser pasado, y el futuro está frente a ti. No te dejes escapar. Es hora de encontrarte. Y si lo has hecho ya, sé consecuente con tu poder de hacer.
Quizás, hasta te sorprendas.