Haz
algo por ti. No estés inerte como veo a diario por ahí. Susurros de silencios que
se hablan con miradas: están por todas partes. Uno en muchos a la vez. Saltan
al comienzo de los días con la noche a cuestas. Tener un sueño y escuchar su
designio con sus luces y sombras no es tarea de cansados. Su luz es indetenible.
Tenerlo en sí es un privilegio. Pero: ¿sabes qué hacer con él? ¿Conoces adónde
te trae? No sé. No sé si escuches al corazón. Aunque, es incansable si de tu ilusión
se trata. Otra cosa es responder y hacerlo a su forma: rápido por fuera.
Intenso adentro. Siempre algo nos acecha.
Monstruos insondables tergiversando tu
visión. Ella se pierde si no sabes lo que buscas. Es tarea de gigantes alejar
los monstruos. Y por suerte o desgracia no lo somos. Queda pues a tu encargo la
decisión. Dijiste: «cuando el momento llegue, cuando surja la señal, seré como
un gigante». Por tanto, si lo haces el miedo desaparece y saltas hacia un
plan. Pero el monstruo no cede. Él siente tu intención desde lejos, a mil
leguas de distancia, y te empuja a desistir. No es gentil en su misión. Quiere
devorar tu quimera. Debes ser firme en el propósito si pretendes superarlo. La
soledad o los bolsillos sin dinero no te pueden derrotar. Necesitas descubrir
el secreto tras el polvo del olvido. El pasado de otros no tiene por qué
suceder contigo. Eres distinto si llevas un plan. Se impone entones hacer
cosas, a veces no tan deseadas si persigues el sueño. Hay que atar cabos
sueltos, mezclar acciones con ideas. Batirlas bien, hasta encontrar la causa
justa para incubarla en el cerebro. Uno receptivo que la lleve a cabo. Luego, empiezan
las confabulaciones

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