A
Latinoamérica no pueden privarla de lo que más adora: su libertad. Por eso,
cuando se ve amenazada, de una u otra forma, la gente no para de saltar
agitando la bandera de sus derechos. No pocos se concentran en manifestaciones
enormes por toda la región. Renacen las frases de mártires antiguos y los
hechos de héroes actuales. Hombres anónimos que surgen con las circunstancias
de estos tiempos. Las crisis sirven para crecerse. Es eso o dejarte arrastrar
por los acontecimientos. Y a los pueblos, los originarios, bajo esas
condiciones nadie los detiene. El sol sale cada dÃa a pesar de las nubes
grises. Y la lluvia con vientos y truenos irrumpe cuando tiene que ser. Esa
superioridad o, mejor dicho, esa “democracia”, la que venden a cada rato las
redes nombradas sociales, y que yo llamo de colonias, asà como los medios de
manipulación, no de información, es solamente una fachada. La cortina de humo
para sofocar las voces que gritan: ¡Fuerza! Y no se cansan de luchar. Más si el
peligro pica cerca. Es que la historia de la independencia no puede morir con
los golpes y las porras que agreden al continente. Latinoamérica no es
sometimiento ni desmemorias. Somos
humildad y cariño cuando nos tratan bien. Pero, nos convertimos en valor y
lucha: ¡mucha lucha! para ganar a razón de resistencia lo que roban en nombre
de la “Democracia”.
A
esta señora de promesas olvidadas con sólo besar al poder, palabras que hacen
su trabajo y después se largan, ya son menos, algunos contados, quienes todavÃa
le creen. Las explosiones sociales descubren las consecuencias del engaño
sostenido. No pueden perpetuarse en los designios de nuestras tierras quienes
se elevan entre sus cenizas. Se ganan ese sacrificio los que asumen en carne
propia el precio de ser soberanos.

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