Pararon el filme en una escena confusa todavía. -Si esto sale así no hacemos el cuento -dijo uno de los técnicos de guardia antes de abrir el programa de edición-. El otro, que no entendía su intención preguntó: - ¿por qué lo dices? -Y al mismo tiempo intentó responderse con otra interrogante: - ¿por el beso? -profirió con cierto enojo. - ¡Si chico, por el beso! -Gritó Sandor con tono de burla. - ¿Tú no sabes lo que está indicado? -Continuó diciendo para encender más la mecha - ¡No compadre, no sé! -Exclamó Ángel antes de pararse-. Las indicaciones de censuras ya lo tenían medio cansado.

-Es que aquí dicen una cosa y te exigen otra -sentenció en tanto miraba lo que hacía su compañero en la computadora. - ¿Qué haces? -Sacando del camino lo que pueda complicarnos. - ¡Pero Sandor...! ¿Qué complicación tiene esa escena? -El otro permaneció por un instante mirando a su compañero de turno. Luego remarcó con cara de pocos amigos: - ¿en qué mundo tú vives Ángel? -Y sin que este dijera una palabra siquiera, continuó-. ¿Tú piensas que los demás son como tú… ¿eh? ¿Tú crees que eso será bien visto en la televisión? -Dijo señalando hacia la pantalla. - ¿Y por qué no compadre? -Refutó Ángel con voz de trueno? - ¿Por qué no puede verse igual el beso entre dos hombres o dos mujeres, que el de un hombre y una mujer? -Sandor no le contestó. - ¿Dime, por qué? -Ángel insistió-. Sandor no abrió la boca. Tan sólo se volteó hacia la computadora y terminó el trabajo. Lo hizo con un aura de satisfacción rondándole en la mente. -Es mejor pedir disculpas, y no que nos boten -susurró, en tanto el video empezaba a renderizarse, sin el beso-. Ángel, visiblemente afectado, salió como un bólido de la habitación. Al fondo, en el monitor de la computadora alcanzaba a leerse el título de la película: "Love, Simón".